LA VOZ LIBRE

ALFONSO PALOMARES

Palomares saca el lado oscuro del periodismo en "Los laberintos del espejo"

Efe
2010-05-19 14:30:00

Madrid.- Con el poso y la distancia que permite el paso del tiempo y después de haber hecho todo en el periodismo, Alfonso S. Palomares ha escrito "Los laberintos del Espejo", una ficción, un relato, que a su vez acoge otras historias laberínticas, en el que denuncia el periodismo "manipulador", "tergiversador" y "canalla".

Alfonso Sobrado Palomares (Calvos de Randín, Orense, 1935), cuya vida ha estado dedicada al periodismo desde diferentes frentes; entre otras cosas, fue presidente de la Agencia Efe durante diez años, director de la agencia Radial Press, director del diario de Córdoba; comentarista de Sábado Gráfico y Cambio 16 y actualmente de la Revista Tiempo y de El Periódico de Catalunya, ha querido sacar a la luz "el lado más oscuro del periodismo".

Así lo pone de manifiesto en una entrevista con Efe, en la Casa de Galicia en Madrid, institución que él mismo dirigió desde el 2006 al 2009.

Y en "Los laberinto del Espejo", publicado por Ediciones B y que se pone hoy a la venta, Palomares pone toda su memoria y experiencia al servicio de la literatura y con el espejo como metáfora borgiana, reflejo de múltiples realidades, traza una narración con intriga, erotismo, aventuras y mucha actualidad social y política, en la que una historia te lleva a otra, como el juego de las muñecas rusas.

"Es un libro muy crítico sobre el periodismo canalla. Pero también es un divertimento sobre este lado oscuro de la profesión, sobre la parte donde la montaña da sombra. Y tengo que decir; que el periodismo tiene más partes de alabanzas que de desprecio, pero no hay que olvidar los importantes lados oscuros", añade.

"El laberinto del espejo" tiene a dos protagonistas antagónicos, Pascual V. Rosales, director del "El Espejo", experto en el amarillismo, capaz de transformar cualquier hecho, porque para él la realidad es "reversible y lavable como los condones buenos", y David Talmari, un productor y gestor cultural libanés, afincado en Madrid y empeñado en desenmascarar al cínico periodista.

Una narración que comienza con el decimoquinto aniversario de "El Espejo", y un espectáculo inolvidable, un fracaso estrepitoso que los periodistas del diario manipulan contándolo todo al revés.

Pero esto, sólo es el principio de una historia trepidante que llevará al lector al Líbano, en su momento de máximo esplendor, al conflicto entre israelíes y palestinos, a saborear la crítica con media sonrisa de la nueva cocina o del arte contemporáneo o a detenerse en la figura de Albert Camus (admirado y venerado por el autor) o por el existencialismo de Sartre.

"Creo -añade- que se trata del libro más importante de mi vida. Lo he gozado y he tenido tiempo para recrearme en la palabra, en el estilo. Pero en el fondo, siempre, lo mires por donde los mires, el escenario es el periodismo. Sé que no lo hubiera podido escribir antes, siendo presidente de Efe o de un periódico".

"Se trata de la síntesis, de la suma, del sudor de toda una vida dedicada a esta profesión", añade el autor de ensayos, como "Albert Camus; África, la hora de las violencias" o de "Felipe González, el hombre y el político".

En el libro, en el que no se describe ningún hecho real, ni los nombres corresponden a nadie en concreto del mundo de los medios, el lector también puede volar con su imaginación y buscar alguna realidad de los últimos años en España.

"Quiero dejar claro -continúa- que no hay ninguna similitud con la realidad. No hay reflejado ningún periodista concreto. Pero tampoco puedo impedir que la gente piense lo que quiera, porque en el fondo el lector contribuye a esta ficción y completa su propio relato".

Y concluye, "pero como nadie puede saltar fuera de su sombra. Mi sombra permanente es el periodismo y he vivido un periodismo magnífico y otro muy feo. Sólo quiero contribuir a tener una conciencia crítica y analítica sobre el periodismo canalla".

Ahora Palomares tiene más tiempo y sosiego para observar toda esta realidad, y no en vano, además de leer todos los periódicos posibles, dice que dedica diez minutos al día a leer la Biblia y el Corán para saber de qué hablamos.

Comentarios

 
 
 

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