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LA VOZ LIBRE
Wednesday, 13 de May de 2009, 12:18
Nada, que no hay manera de que Zapatero y Rajoy se entiendan

Más de lo mismo. Zapatero encuentra a Rajoy igual de "faltón" y "despreciativo" que hace dos años. Rajoy dice que el estado de la Nación es "más de cuatro millones de parados". Como en las tres últimas ediciones del debate parlamentario del año, el del estado de la Nación, el presidente del Gobierno ve la botella, pese a la crisis, casi llena, al menos casi llena de esperanza en la mejora. El jefe de la oposición la ve casi vacía, al menos mientras sea Zapatero quien administre la crisis.

Quien esperase manos tendidas entre populares y socialistas tendrá que aguardar a mejor ocasión. Y eso que ambos hablaron de acuerdos necesarios, y Rajoy, inconcreto, recalcó que "le he ofrecido muchas veces nuestro respaldo político para aplicarlo en beneficio de los españoles, pero usted, por no dar su brazo a torcer, aunque se hunda el mundo, no ha querido hacer ni caso". Pues eso: ni caso por ambas partes.

Zapatero estuvo dolido con su adversario parlamentario; Rajoy, algo cáustico ("este hombre, ya se ve, es una bendición para España"). Ambos se tiraron las hemerotecas a la cabeza, recordándose mutuamente lo que dijeron en el último debate, allá por 2007, cuando las condiciones económicas y hasta políticas eran muy diferentes. Como si no hubiese ahora una crisis económica nacional e internacional pavorosa y casi cuatro millones de parados más por medio, reclamando soluciones y propuestas inéditas.

Quienes hemos seguido ya tantos debates entre ambos nos encontramos con más de lo mismo. Ambos se fueron desgranando incumplimientos, falsedades presuntas o reales. Ni la menor voluntad de concordia. Personalmente, me resulta difícil determinar cuál de los dos ganó, aunque haya que reconocer que el inquilino de La Moncloa lanzó, al menos, algunas iniciativas, que ya veremos cómo se plasman en la realidad. Tampoco soy muy capaz de hacer una lista de las diferencias mutuas en materia de planificación económica, más allá de la diversa expresión de voluntades sobre la disminución o no del gasto público.

De las once medidas anunciadas por Zapatero en su primera intervención abriendo el debate sobre el estado de la Nación, destacan la relativa a la supresión de la desgravación por hipoteca a las rentas más altas -desde 24.000 euros, que no pueden calificarse precisamente como una renta excesivamente elevada_ y el plan de ayudas directas por la compra de un automóvil: dos mil euros, sin especificar demasiado cómo, a quién y por qué tipo de vehículos se entregaría esta subvención, en colaboración con las autonomías y los fabricantes. Nuevamente hubo promesa de ordenadores para los escolares. Y no hubo anuncio -al menos, en esta primera jornada- de una medida que había sido publicada por algún medio: una subvención de 422 euros a cada una de las trescientas mil personas que ya han perdido hasta el subsidio de desempleo. Puede que sea conejo a sacar de la chistera posteriormente, quién sabe.

En todo caso, hay que reconocer que el batiburrillo de medidas apresuradamente -en menos de una hora, incluyendo los prolegómenos_ anunciadas por Zapatero cogió a contrapié a la oposición: "confuso", "vago", "con qué se va a pagar todo eso", "inconcreto", fueron algunos de los adjetivos con los que Sus Señorías de los bancos del grupo Popular se despacharon cuando abandonaban el hemiciclo. Pero un alto dirigente del PP reconoció: "me temo que nos vamos a quedar sin comer preparando la respuesta de esta tarde". Es decir, que previsiblemente Rajoy tenía que variar o actualizar el contenido de sus papeles. Lo cierto es que no cambió ni actualizó demasiado, a tenor de lo que dijo: se limitó a minimizar genéricamente el alcance de las medidas enunciadas por la mañana por Zapatero. Pero sin entrar a fondo en ellas, cosa que, por lo demás, tampoco había hecho el presidente.

Al margen de las cuestiones económicas, las referencias a la situación internacional, a la reforma de la Justicia o a la lucha contra ETA fueron apresuradas y tangenciales. Es la economía, la economía y la economía. Y ya se ve que no hay propuestas ilusionantes para quienes se ven agobiados por la economía. Nada, que no hay manera de que estos dos señores, tan importantes para nuestras vidas, se entiendan.

¿Qué sacamos en limpio de la confrontación entre los representantes de los dos principales partidos nacionales? Yo, me temo, poco, excepto una nueva decepción. Con lo felices que nos las prometíamos algunos con el pacto en el País Vasco.

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