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Alan, de la victoria transgénero al suicidio

Alan escogió su nombre, un paso más en el encuentro de sí mismo. Consiguió, además, un gran hito: ser uno de los primeros adolescentes catalanes en conseguir que el DNI reflejara ese nombre, el suyo, con aquel que de verdad se identificaba. Para las personas transexuales, enseñar un DNI que no refleja el que consideran su auténtico nombre es uno más de los suplicios a los que tienen que hacer frente diariamente y, por eso, el logro de Alan fue tan importante.

Desgraciadamente, esa pequeña victoria no fue suficiente para hacer frente al calvario en forma de acoso escolar al que se tenía que enfrentar un día tras otro. Vejaciones, insultos y todo tipo de humillaciones que nadie debería sufrir y que los demás no deberíamos permitir.

Alan contaba con el apoyo de su familia y también de algunos profesores, pero eso no fue suficiente. No pudo soportar lo insoportable, el desprecio de sus compañeros de instituto. Fue tal la presión a que lo sometieron, que este acabó internado por depresión. Al salir del hospital, cambió de centro. Imagino las esperanzas que había puesto, las ganas de empezar de 0 en otro lugar en el que se le aceptara sin más. Alan. Cuatro letras. Una identidad por construir, como todas la identidades.

Sin embargo, en el nuevo centro, la pesadilla empezó otra vez. Palabras lacerantes, hechos insultantes cometidos por aquellos que son incapaces de aceptar la vida en toda su esplendorosa diversidad, por aquellos que no entienden que el respeto y la libertad individual son los mayores tesoros que tenemos, las piedras angulares de nuestra sociedad.

¿Cómo se sentirán ahora esos pequeños matones cuando vean el resultado de sus acciones? ¿Cuántos dirán que se trataba solo de bromas, que ellos no eran, que solo se reían de lo que hacían los otros? ¿Cuántos de sus compañeros sentirán ahora la rabia de no haber hecho más, de no haber dicho alto y claro que no se puede consentir ningún tipo de acoso hacia los demás? ¿Les habrá servido para algo? Y al resto de la sociedad, ¿servirá la muerte de Alan para entender que la transfobia no es aceptable y que no la podemos consentir en ninguna de sus formas?

Me pregunto también por el estado de ánimo de sus antiguos profesores. Es posible que alguno de ellos tampoco entendiera porqué Alan era Alan. Imagino que la mayoría se sentían impotentes para poder frenar el acoso, desbordados con más horas de clases, grupos más numerosos, menos ayudas externas y menos sueldo a final de mes por culpa de los recortes. El equipo directivo había concertado una reunión con la familia para abordar el tema después de las navidades. Demasiado tarde.

Quizá la reunión no debería de haber sido con la familia de Alan sino con la de los acosadores. Porque aquí, los que tenían un problema eran los que no aceptaban a Alan, los que llevados por su intolerancia cometían actos repugnantes contra un compañero. ¿De dónde tanto odio? ¿Qué era lo que les molestaba de Alan? ¿Por qué esa incapacidad de aceptar al otro en toda su dimensión?

Estos días oiremos que es importante educar en el respeto a la diversidad y estoy de acuerdo. Pero no es suficiente. Tenemos que cambiar muchas cosas para que las personas transexuales puedan vivir con total normalidad. Para ello, es importante modificar la ley para que tengan el pleno derecho a la identificación sin necesidad de ser avaladas por profesionales de ningún tipo. Y como sociedad, tenemos que concienciarnos de que la identidad sexual radica en el cerebro y que la disconformidad con la asignación sexual es una realidad natural.

Con respecto a los menores, tenemos que apoyar el tránsito social para que se desarrolle con el menor impacto posible para ellos y sus familias. Tenemos que dotar a los centros de un protocolo educativo que asegure la integración de los menores en régimen de igualdad con el resto del alumnado.

Esperemos que el suicidio de Alan sirva para que no se vuelvan a repetir casos así, que el matonismo sea erradicado por fin de los centros educativos y que la LGTBIfobia desaparezca para conformar, por fin, una sociedad de personas libres e iguales. Y que ninguna diferencia suponga una desigualdad.

Descansa en paz, Alan, esa paz que no supimos darte.

> En la imagen, Alan.

*Sonia Sierra es la número 5 de Ciudadanos en Cataluña.