LA VOZ LIBRE

Cataluña, de la sedición a la hilaridad

Carlos Fuertes
2017-07-07 10:19:32

En la escalada delirante de los líderes del proceso independentista de Cataluña, siempre hay un peldaño más allá del ridículo, es decir, una Starway to “Hell” –que me perdone Led Zeppelin por la perversión-. Decía un buen chiste de psiquiatras, de los que conozco muchos por razón de oficio paterno, que “el neurótico construye castillos, el psicótico vive en ellos, y el psiquiatra, cobra el alquiler”.

Más allá de esta socarronería, lo cierto es que, visto el cariz de los acontecimientos, y la chapuza pseudo-legislativa que supone ese proyecto de Ley de Autodeterminación presentado extraparlamentariamente –más leña al fuego de la chanza-, el nuevo referéndum anunciado va camino no tanto de conseguir la independencia de Cataluña, sino el internamiento psiquiátrico de alguno de sus líderes por auténtica disociación con la realidad, así como el reconocimiento internacional del carnaval político como forma de expresión artística. Estamos ante un caso donde lo delictivo se mezcla con lo grotesco.

Estas dos semanas, estoy residiendo por razón familiar en Cataluña, y más concretamente, en una agradable población gerundense. Aquí, desde el otro lado, escribo estas líneas, mirando por la ventana las diversas “esteladas” que cuelgan de los balcones. Comparativamente, debo decir que su número ha decrecido, respecto de mis anteriores visitas, de una forma importante. Por la calle, este tema no veo que suscite especiales conversaciones. Algunos dirán que es la ley del silencio. Yo creo que es más la ley del pasotismo y del hartazgo, de propios y ajenos.

Los líderes del independentismo catalán tienen tres principales problemas. El primero, la cobardía. Si uno es un delincuente o aspira a serlo, tiene que actuar con todas las consecuencias. Es decir, si estoy conspirando para una sedición –esperemos que no rebelión-, tengo que tener arrestos para hacerlo e ir de frente. Embarcar a la gente en un Titanic y esperar a lanzarme por popa ante el iceberg es, simplemente, un acto de filibusterismo. En ese plano, solo los de la CUP están dispuestos a estar en la locomotora del supuesto “choque de trenes”, ni siquiera los de ERC. Puigdemont y compañía, se quedarán en la estación para ver la explosión en 3 dimensiones, o bien, como mucho, les pillará en el vagón de preferente del AVE, con el gin-tonic en la mano, y saldrán polvorientos pero indemnes.

El segundo problema, es la concepción de que sus propias filas están plagadas de idiotas, a los que se puede dar un pulpo como mascota y que deben ser adeptos más que ciudadanos. En efecto, la falta de rigor técnico y de proyecto de país es tan abrumadora que, por ello, solo puede ser secundada por semovientes que estén dispuestos a seguir al libertador “Puigde” y compañía por los montes de la psicodelia. La gente con un mínimo de formación o interés por las cosas, ya ha comenzado, hace meses, a desmotivarse ante este devenir populista e irracional. Si algo ha caracterizado clásicamente a Cataluña es el pragmatismo de sus gentes, que algunos lo identifican con una especial habilidad en lo comercial y actitud para el trabajo, y puede que algo de cierto sea este tópico. En ese plano, los planteamientos efectuados son aberrantes a la razón. Veamos.

Supongamos que mañana se vota el referéndum. Ello implicaría resolver los siguientes entuertos, entre otros: ¿Dónde? Muchos colegios no se prestan a un acto ilegal, con lo que debería ser en sedes de la Generalitat en muchos casos o Ayuntamientos. ¿Quién compone la Junta Electoral? No creo que haya un solo Juez que vaya a integrar estas, a diferencia de la mayoría de democracias, como España. ¿Qué censo? Ahí podemos encontrarnos con la necesidad de hacer un censo por preinscripción, o caso contrario, puede haber un delito en el tratamiento de esos datos del Censo Electoral para fines contrarios a la Constitución. ¿Qué mayoría hace falta? Tampoco está claro. ¿Si sale no, se repite hasta que salga sí? La alternativa del No, no está contemplada, y debería tener consecuencias jurídicas. ¿Qué fondos económicos propios tiene una Cataluña independiente? Difícil veo la cosa. Si un Estado existe, es porque otros le reconocen. Si ningún (o casi ningún) país reconoce a Cataluña, su existencia será el limbo de Repúblicas como Transnitria o Abjasia, es decir, al margen de la UE, de la ONU y de cualquier otra Organización Internacional. Es decir, retroceder 100 años de golpe. Con ese caldo de cultivo, qué transacciones se pueden hacer, cómo se pagan las pensiones.

El proyecto de Ley de Autodeterminación es el culmen de esta patochada. Se trata de una norma que es técnicamente deplorable, con lagunas que difícilmente se pueden solventar con una interpretación basada en criterios jurídicos. Igual bailando una sardana, se te ocurre una idea entre brinco y brinco, pero si se sigue a Kelsen o a Hegel, más que un proyecto normativo, es una suerte de desiderátum, tan inconcreto como lo es el propio proceso.

El tercero de los problemas –podría seguir varios artículos, igual hago un serial…- es que fruto de lo anterior, la desafección es cada día más alta, pero tampoco existe una respuesta del Estado en positivo a la gente que sigue apostando por nuestra unidad común. No digo que se deba dar más pasta, ni mejorar las excelentes carreteras.

Echo de menos que alguien del Gobierno, olvidándose un momento de que es político, diga las cuatro verdades que, antes de continuar con este frenesí, deben manifestarse, sin acudir a las fatuas alocuciones de Rajoy, cuya falta de firmeza verbal fuera del Congreso es preocupante.

Señores: salir de España es irse a la mierda. Esta es la verdad. Sin paliativos. España es un país más que mejorable, pero estamos, comparado con hace 30 años, de maravilla. Si ustedes quieren vivir como en Osetia, con aranceles imposibles, con el ostracismo de la U.E. y aislados, comiendo secallonas y calçots, y sin un puñetero euro para pagar sueros en los hospitales, van en buena dirección. Si uno se pira de casa de papá, no puede pedirle luego que pague la nevera, las cervezas y hasta los calzoncillos. Así pues, si emprenden ese camino, ¿están seguros que pueden pagar los peajes para esa “libertad”? En esta tierra, han hinchado un globo con el tema independentista cuya deflagración, cuando no aguante más, será apoteósica. Se está mintiendo a la población, se les está tratando como auténticos borregos y, en esa ensoñación, los líderes ven como se conducen raudos a un abismo que –en su conciencia y en el fondo- todos caminan hacia él, pero ninguno quiere llegar.

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