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Un día sin periódicos

El primer día del año no hay periódicos. Empezar el año sin hojear la prensa siempre me resulta extraño. Muchos dicen que ese día no pasa nada. Media humanidad, mantienen, está aletargada ese día; se levanta a las tantas, muchos con resaca, y junta el desayuno con la comida. Otros, se habrán hecho tantas promesas de cambio de hábitos, y hasta de vida, al traspasar la medianoche, que afrontarán la lectura de las noticias con otra óptica y hasta con otro talante, seguramente más ligero y descuidado. Además, para estar informados ya tenemos la continuidad de internet, que no conoce de horarios, ni de ámbitos geográficos, ni siquiera de costumbres religiosamente paganas. En la red siempre pasan cosas; en los periódicos, sólo pasan cuando se imprimen.

Pero un día sin periódicos es un día sin poder contar la nueva calificación de la deuda de Moddy´s, sin conocer los nuevos cables 'secretos' de Wikileaks, sin estar al día de los pregones de los políticos y hasta sin saber el tiempo que hará, lo que nos deparará el horóscopo y los resultados del crucigrama del día anterior. Vamos, que bien mirado, podemos esperar 24 horas más a que los periodistas, algunos también, con la resaca de la noche de fin de año y con sus promesas de cambio a cuestas, nos cuenten lo mismo que el 31 de diciembre, pero con un enfoque, igualmente, ligero y descuidado.

No creo que, el conjunto de los medios, se haya propuesto un cambio de hábitos y hasta de la vida que le darán a las noticias de cara al nuevo año. Seguramente seguirán a salto de mata. Un día sacando la cabeza sobre ella, la mata, y otro escondiéndola. Posiblemente la inercia quebrará los buenos propósitos de la noche vieja. Con certeza el seguidismo y la falta de sorpresa, la agencia de noticias, la rueda de prensa y la falta de investigación, la pesadumbre y la falta de ilusión, seguirán siendo el Norte de la prensa que aparecerá el día dos de enero, tras 24 horas de descanso en las rotativas.

Tampoco los lectores estaremos preparados para recibir la información de otra manera. Seguiremos siendo críticamente conformistas, novedosamente constumbristas, impulsivamente reflexivos. Ya nos vale recibir iguales dosis de las mismas pócimas.

Sabemos también que, en los medios, empezaremos el año con más de lo mismo. Quizás con algo peor de lo mismo: CNN+ será 'Gran Hermano', por ejemplo. Ganará la TDT ('Televisión De Todos'), nuevos espacios en la audiencia chabacana y conformista. Desaparecerán los espacios de minorías, imposibles de financiar por los Carrefour de turno...

La crisis de los Moody´s de siempre, nos arrancará de cuajo un futuro de calidad y de pensamiento. Seguiremos recurriendo a los seriales evasivos y bien conformados de la industria americana, a los éxitos deportivos de la España televisiva de Mediapro y a la muerte de las iniciativas con inteligencia superior a las Belenestebans. Poco va a cambiar con el año nuevo que amanece y, sin embargo, el mundo merece un cambio, necesita, quizás, una revolución mediática.
El año que agoniza nos aportó la valiente frescura de Julian Assange y su Wikileaks. Su altruismo nos sacó de la inopia informativa, pero su fuente está encarcelada en el paraíso de la democracia y las dudas se ciernen sobre un personaje que, al parecer, no utilizó los condones para follar y que, quizás, no tenga la cabeza tan bien amueblada como para soportar los millones de euros con que esta sociedad mediática está dispuesta a enbadurnarle, memorias incluidas... ¿Cuánto podría pagarle 'La Noria' por tenerlo en sus turbulentos debates 'emiliomendecianos'?

A menudo, habrá algunos que quieran hacer la guerra de guerrillas, la contra a la universalidad seguidista y a la vida común de los mortales; algunos que estén dispuestos a enfrentarse a las audiencias masivas y a la comunidad de lo efímero, insulso y olvidable, pero tienen pocas posibilidades de supervivencia. Los medios han de vivir de los Telefónicas, Carrefours y 'Cotesingleses' de siempre. Estos pagarán la fiesta de la mayoría, el talón de las 'Belenestebans' y el de los 'Emiliomenéndez' de siempre.

No hay atisbos de que el reposo reflexivo de las 24 horas sin prensa, haga inflexionar a ésta y a su incierto futuro.

Tampoco hay nada en el horizonte inmediato que nos haga, a sus seguidores, cambiar de hábitos a pesar de que nos lo hayamos propuesto a las doce y un minuto del nuevo año, copa en mano.