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Es la libertad, idiota*

Me despierto el 31 de diciembre y creo haber retrocedido tres días, hasta el 28, día de los Santos Inocentes. Leo en ABC: “Feijóo cumple su compromiso de igualar gallego y castellano”. Feliz Año Nuevo. Se ve que las promesas caducan al morir el año. No recuerdo, y hago esfuerzos, que el objetivo fuera ese. Lo de la igualdad lo asocio a la trampa que tendió el bipartito PSdG-BNG en su decreto de promoción lingüística hace dos años, según el cual “al menos” el cincuenta por ciento de la enseñanza debería ser en gallego.

De ahí vendieron lo de la igualdad, que aplicaron con imposición: es decir, el “al menos” lo tradujeron en que el noventa por ciento de las asignaturas se impartieron en gallego en las escuelas públicas y se comenzó a perseguir con saña a los centros privados. En definitiva, los pobres se quedaron con el gallego y los que se rascaron el bolsillo para llevar a sus hijos a costosísimos colegios pudieron burlar la norma. La prueba del algodón: todos los libros de texto comenzaron a ser impresos en gallego. Quien los quería en español -prohibidos en clase-, tuvo que cruzar las fronteras de Galicia para comprarlos en León.

Ahora Feijóo ha vuelto a reinventar el concepto de igualdad: una especie de decisión asamblearia donde unos padres imponen a otros su voluntad en determinados ciclos. ¿Pero la mayoría de los padres no contestó a la encuesta que realizó la Xunta en verano quería el castellano para sus hijos? La solución de este nuevo parto de los montes, de esta rata asustadiza que es el nuevo proyecto lingüístico que evacua Feijóo, es la de, una vez más, imponer a todos por igual.

Yo creía que la promesa que hizo Feijóo antes de las elecciones era la de la Libertad. Libertad para elegir la enseñanza de tus hijos, para determinar si lo que realmente quieres es que estudien en castellano o en gallego, o todo en inglés, como tantas familias hacen en otros puntos de España. Resulta que todas las quejas de miles de padres, argumentando con hechos la nefasta política de convertir a los niños en ratones de laboratorio, con prácticas de enseñanza discutidas incluso por los pedagogos y psicólogos, no han servido para nada.

Sorprendente. El PP, una vez más, se sale por la tangente y no asume la palabra clave para este conflicto: Libertad. ¿Qué le pasa a este partido que cuando llega al poder le tiemblan la piernas y no cree en sus propias bases electorales ni en sus promesas? Nos queda mucho por ver, una vez que a la ley ya le han puesto patas. Pero estoy seguro que ni tanta gente fue humillada con un decreto, ni tanta estupidez saldrá libre de este guiso.

(*) "Es la economía, idiota", fue la frase que marcó la campaña de Bill Clinton en 1992 en su disputa electoral frente a George H. W. Bush.