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Las medias tintas

2009 se despide con una mala noticia para la causa de la Libertad Lingüística. Como el alumno que a última hora prepara sus deberes con más prisa que acierto ante la inminente bronca del profesor, el 30 de diciembre, bien entrada la tarde, Alberto Núñez Feijóo, Presidente de la Xunta de Galicia, cumplía con el plazo, sólo con eso, y desvelaba públicamente lo que será el nuevo decreto del gallego.

Ese mismo que esgrimió en la campaña para arrancar votos lejanos en muchas ocasiones al electorado popular, pero convencidos de que la oportunidad de elegir la lengua para la educación de sus hijos pasaba por un cambio en el gobierno de la Xunta.

Quienes seguimos aquella campaña en clave lingüística hace muchos meses que nos temíamos lo peor. Precisamente porque quienes enseñaron a Feijóo el camino de la libertad lingüística, los valientes de Galicia Bilingüe, venían alertando de la debilidad del Presidente y de su más que posible miedo a romper con la imposición que había supuesto el bipartirto. Ayer era el día de terminar con las dudas, y, sin embargo, hoy, estas no han hecho más que comenzar.

La coartada del trilingüísmo le ha servido al delfín Feijóo para pasar de puntillas por los cimientos de su gobierno, por la promesa de libertad que le entronizó y cuyo incumplimiento sólo servirá de mérito ante quienes pusieron rumbo hacia el “caer bien a los nacionalistas”.

En esa nueva estrategia no caben libertades como las de elegir la lengua en las materias troncales, la casilla de elección en la matrícula o la validez de los libros de texto en ambas lenguas. Estos derechos, que bien sirve enarbolarlos para ganar unas elecciones, no valen cuando se trata de caer bien a quienes han hecho de la imposición lingüística la fórmula para adoctrinar a los jóvenes.

Podríamos decir que a las consellerías de la Generalitat no se llega defendiendo la libertad en la educación gallega.

El desenlace de las medias tintas de Feijóo es la peor de las noticias para los gallegos, y la peor de las maneras de empezar el 2010. Y es que han sido las medias tintas las que han emborronado el mapa de las libertades en España hasta el punto de hacerlas monedas de cambio para sentar a los delfines y a los peces gordos en los sillones del poder.