LA VOZ LIBRE

Pacto en la sombra entre el PSOE y el PP para no atacarse en asuntos de Estado

El 'caso Faisán', el comunicado de los presos de ETA o la actitud del PSOE en el 'caso Gürtell' son algunos ejemplos de este clima de entendimiento

JAVIER FERNÁNDEZ
2011-09-26 07:57:59

Madrid.- Primero fue el 'caso Gürtel', el caso judicial más complicado para el Partido Popular. Después de verse con la soga al cuello para la campaña de las elecciones generales se encuentra de golpe y porrazo con un giro por parte del instructor que, salvo sorpresa mayúscula, deja el caso descafeinado. Una vez dimitido el que fuera presidente valenciano, Francisco Camps, la presión sobre Rajoy y su equipo después de los autos del juez Pedreira ha quedado casi muerta. Un problema menos para el PP. De forma sorprendente, los ataques tanto del PP hacia el PSOE como la defensa del PSOE de sus acusaciones no solo han sido tibias, muy tibias, sino que ya se han diluido como un azucarillo en un café hirviendo. ¿En qué tertulia se habla ya de este caso? Ya ni tan siquiera en la beligerante Cadena Ser.

Después, la decisión del juez Gómez Bermúdez, en una maniobra judicial sin precedentes, de convocar a toda la sala de la audiencia para tratar de descafeinar también el caso del chivatazo a ETA de Irún. La decisión salomómica, apoyada por gente tan poco sospechosa de apoyar a Rubalcaba como el ex portavoz del Consejo del Poder Judicial el juez Enrique López también deja otro de los casos más incómodos de la legislatura en un segundo plano para la campaña. Es decir, Gurtel, malo para el PP, se queda en un cajón de momento. El 'Faisán', malo para el PSOE, también queda en vía muerta. ¿Acuerdos, pactos, silenciosos cómplices, razones de Estado? Desde muchos círculos políticos se ve la mano de Rubalcaba por un lado y la de Federico Trillo por el otro logrando cerrar heridas con mínimos jirones para ambos partidos en todo lo que se refiere al plano judicial de los casos que más problemas podrían acarrear a ambas formaciones del cara a las próximas elecciones generales del 20N.

Y el tercer episodio, algo ya previsto: el comunicado de los presos de la organización terrorista ETA en el que los posibilistas apuntan que es un paso muy importante. Desde el PSOE, su candidato sacando pecho y los populares guardando un espeso y embarazo silencio que nadie entiende.

¿Estamos en puertas de unos grandes acuerdos entre el PP y el PSOE en los temas que más les afectan en el plano judicial para que queden totalmente silenciados y no afecten al debate electoral? ¿Acaso la parte de la campaña que no afecta a la economía se está silenciando deliberadamente entre bambalinas? El apoyo de los magistrados más conservadores a dormir y dejar en vía muerta el denominado 'caso Faisán' y el silencio del PSOE en el 'caso Gurtel' hacen temer lo peor.

Lo que si está claro es que el traspaso ordenado de poderes está ya en marcha en las grandes cuestiones de Estado. Nadie tiene la menor duda, ni en el PSOE ni en el Gobierno, de que Mariano Rajoy obtendrá la mayoría absoluta en las elecciones generales del 20-N. Las encuestas externas e internas son concluyentes. La tendencia que marcan estos sondeos señalan que el PP obtendrá entre 180 y 190 escaños de los 350 que configuran el Congreso de los Diputados. En esta coyuntura los socialistas aspiran a evitar una debacle que produzca un vacío político en la izquierda que pueda llenar IU u otras alternativas radicales, alimentadas de nuevo por los movimientos sociales. El objetivo de Alfredo Pérez Rubalcaba es evitar un resultado peor al que cosechó Joaquín Almunia en el año 2000 cuando relevó a Felipe González como cabeza de cartel electoral y en la que obtuvo 126 diputados.

EVITANDO EL VACÍO DE PODER

Ante esta situación, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha iniciado confidencialmente un traspaso ordenado de poderes con el fin de que el nuevo Gobierno que salga de las urnas pueda estar constituido lo más rápidamente posible y se minimice el deterioro de la situación que provoca el relevo de poder. Dicho de otra manera, ambos partidos han empezado a trabajar juntos para evitar que España tenga que solicitar el rescate. Se trata de un acto de responsabilidad de los principales dirigentes políticos, que son conscientes de que la quiebra de España podría arrastrar a toda la Unión Europea.

Por su parte, Mariano Rajoy ya tiene los primeros borradores de las medidas que tendrá que adoptar en cuanto tome posesión de su cargo. Se trata de aprobar un plan de choque en los cien primeros días de gobierno en que se adoptarán por decreto ley las medidas más urgentes. Se trata de medidas a corto, medio y largo plazo, pero presentadas todas a la vez para multiplicar su efecto. Entre ellas se encuentra una reforma laboral que recoja el contrato único, y eso supone la eliminación de la contratación temporal de forma gradual. También se impondrá una reforma del sector financiero que ponga el énfasis en la solvencia frente a la liquidez, que ha sido donde se ha puesto en estos tres años. Y un drástico recorte del gasto dirigido a disciplinar a autonomías y ayuntamientos.

Junto a la percepción general de que quedan escasas semanas para que el poder cambie de manos de manera oficial, se encuentra también la propia actitud de José Luis Rodríguez Zapatero que ha decidido tratar con guante blanco al todavía jefe de la Oposición. En esa nueva situación se encuentra el hecho de hacerle partícipe de las grandes decisiones, pasarle información sensible sobre todos los asuntos, especialmente los económicos y los relativos al terrorismo y, en general, tenderle la mano para llevar a cabo una transición de poder ordenada. Hoy por hoy se puede decir que el líder del PP tiene mejor información y mejor relación con Zapatero que el mismísimo candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.

Rajoy ha dejado de tener palabras críticas contra Rodríguez Zapatero para realizar discursos y propuestas en sentido positivo, sobre todo tratando de encandilar a una parte de la opinión pública que se le continúa resistiendo y que al final no tendrá más remedio que apoyarle como “mal menor” o sencillamente porque no hay otro. El principal “leit motiv” del todavía jefe de la Oposición pasa necesariamente por la lucha contra el paro y la reactivación económica. No hay otro discurso y tampoco puede haberlo. Rajoy no necesita siquiera combatir a Pérez Rubalcaba, a quien en estos momentos considera un asunto menor dadas las circunstancias. La estrategia de protección en torno al líder pasa también por evitar que el candidato dedique su tiempo a zaherir en demasía a su adversario. No está bien visto por la gente. Se trata de presentar a Mariano Rajoy como el Presidente ‘in pectore’ encargado de lanzar mensajes de esperanza de cara al futuro.

> En la imagen, el candidato del PP a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, y el del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

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