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Las 12 uvas: historia, tradición y espectáculo para comenzar un nuevo año

Como en el caso de la práctica totalidad de las costumbres, el origen de la tradicional ingesta de las doce uvas, es discutido

Madrid.- Una tradición pagana bendecida hasta por los cristianos. Practicada por niños y mayores y sin la que la Navidad tendría un toque más desangelado. ‘Las doce uvas de la suerte’, una costumbre patria exportada hasta más allá de ultramar. Una costumbre que, a pesar de la época de origen, comenzó por una necesidad comercial. Un ‘día la madre’ o ‘día de los enamorados’ made in Corte Inglés de comienzos del siglo veinte.

Como en el caso de la práctica totalidad de las costumbres, el origen de la tradicional ingesta de las doce uvas, es discutido.

Según se ha intentado vender, un mes de diciembre del año 1909, agricultores de las provincias de Alicante y Murcia se encontraron con un excedente de uva. Lejos de optar por desechar el sobrante de cosecha, animaron a sus vecinos a estrenar el año nuevo a través de la ingesta de doce uvas, una por cada mes del año que dejaban atrás. El boca a boca y la originalidad de la iniciativa transformaron, la necesidad y picardía, en ya centenaria tradición.

La Puerta del Sol de Madrid, punto de encuentro al igual que hoy, de cientos de personas, se afianzó como lugar de reunión para, uvas en mano, comenzar los nuevos años. Incluso Alfonso XIII, abuelo de nuestro actual Monarca, Juan Carlos I, de incógnito, acudió a la céntrica plaza madrileña a recibir, entre la multitud, al año 1930.

Pues bien, esta leyenda ha sido refutada por crónicas periodísticas anteriores a 1909. En el periódico ‘La correspondencia de España’, un 1 de diciembre del año 1896 se podía leer un artículo que decía: “En la hermosa residencia particular del Ilustre presidente del Consejo de ministros se reunieron anoche casi todos sus compañeros de gabinete y algunos otros distinguidos personajes. A las doce en punto de la noche saludaron los ministros la entrada del nuevo año comiendo ricas uvas y bebiendo champagne, pronunciándose con este motivo entusiastas y patrióticos brindis por el general Martínez Campos, por el ejército que tan valientemente pelea en Cuba y por la pronta pacificación de la isla”. Si bien este extracto nada dice de que la ingesta de las doce uvas se produjese al son de las campanadas, un año más tarde, el 14 de enero de 1897, se dijo en ‘Gedeón’: “Es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante”. En la Nochevieja de ese mismo año, los comerciantes de Madrid ya publicitaban las ‘doce uvas de la suerte’. “Para obtener la dicha durante un año entero es preciso comer doce uvas el 31 de diciembre, al sonar la primera campanada de las doce de la noche”, decía ‘El Imparcial’ ese mismo día del año 1897.

Un espectáculo televisivo mezclado con la tradición y la necesidad. Una costumbre al alcance de la práctica totalidad de todos los bolsillos, que siguen, por igual, ricos y pobres. Una costumbre española exportada al resto del mundo.
Un año más, tras los cuatro cuartos llegarán las doce campanadas. Un año nuevo que se avecina difícil en lo económico, pero que en su primer minuto estará lleno de buenos deseos y propósitos que rara vez se llegan a cumplir. Las doce uvas de la suerte, en este año 2012, serán más necesarias que nunca.

> En la imagen, la puerta del Sol de Madrid durante las 'campanadas' de Nochevieja.