LA VOZ LIBRE

Cines de la ciudad

Ignacio de Saavedra
2010-02-05 18:00:32

Soy un enamorado del cine. No sé vosotros, queridos lectores, pero yo siempre he tenido la sensación de que sentado sobre sus butacas, carcomidas de nostalgia y cubiertas de cáscaras de pipas, el tiempo se detiene sin remordimientos ni obligaciones, como si nos evadiéramos del mundo que dejamos fuera, allá donde los coches circulan bajo las luces de la ciudad. Y es que donde nace un cine, se abren las puertas de la imaginación y la libertad parece cobrar sentido.

Los cines de la ciudad, sin embargo, están desapareciendo ante nuestros ojos, apagando sus luces como en despedida eterna, sin aplausos, sin finales sublimes, convirtiéndose en tiendas de ropa o en restaurantes de comida rápida. Muere la tradición, el romanticismo y nacen los grandes centros de ocio, de pasillos interminables y locales abarrotados, donde en poco tiempo puedes comprar, cenar, pasear e ir al cine; unos cines despojados de su esencia, donde parecen entrar miles de personas que nunca comprenderán que los cines de la ciudad, de luces sugestivas y carteleras seductoras, serán demolidos sin piedad. Los jóvenes de las grandes ciudades, por ejemplo, apenas tenemos recuerdos de habernos sentado en las butacas de cines de barrio, en tardes lluviosas de desgana, sino que nuestra memoria sólo puede alcanzar las imágenes de esos multicines que han ganado la batalla.

Ante el paso del tiempo y la pérdida de la tradición, Charles Chaplin, para mí el mayor genio del cine de la historia, se enfrentó a la llegada del sonido en las películas, en lo que él consideraba una quiebra de la esencia del cinema. Se expresó de la siguiente manera: “La voz rompe la fantasía, la poesía, la belleza del cinematógrafo y de sus personajes. Los personajes del cinematógrafo son seres de ilusión y su naturaleza se deriva precisamente del silencio en que viven. El cine es poesía y belleza creadas en un mundo de silencio, y sólo desde ese mundo de silencio los personajes pueden hablar a la imaginación y al alma de los que les contemplan. Hacerlos hablar es aniquilar todo su encanto. Poner voz a las sombras es una imbecilidad y un error, tolerable sólo como negocio, pero inadmisible como arte. Espero que esta locura de las películas habladas pasará pronto y que los elementos de valor que hay en el cine vuelvan al verdadero camino. Yo, por mi parte, nunca haré hablar a mi personaje, ni a ninguno de los intérpretes de mis obras, porque todo eso es ridículo y absurdo. Por lo que a mí se refiere, ni por nada ni por nadie trabajaré en una película sonora. Sé muy bien que estoy completamente aislado; pero no me importa, porque tengo el convencimiento de que aún hay mucho campo para la película muda y de que mi personaje dejaría de ser lo que es desde el momento en que abriera la boca. El cine sonoro va a retrasar en diez años la marcha del cinematógrafo”. Finalmente, terminó realizando películas sonoras y falló en sus predicciones de que pasaría pronto, del mismo modo que la calle Gran Vía de Madrid terminará en pocos años con lo que fue. Pero de la misma manera que ningún aspirante a crítico de cine puede serlo sin pasar por las películas de Chaplin, ningún amante del cine puede serlo sin sentir respeto por los cines clásicos, que ahora se despiden de nosotros como un día comenzó el cine: sin palabras.

Uno de los beneficios del cine mudo era que no había que traducir las películas según el país en el que fueran estrenadas. Simplemente se traducían las frases escritas, que solían hacer alusión al momento del día, al lugar o a las sensaciones de los personajes. Se nutrían, por lo tanto, de un idioma universal comprendido en ambos lados de la Tierra: el idioma de las sonrisas y los llantos, del movimiento corporal, que lograba seducir a millones de espectadores en aquellas salas de milagros en blanco y negro. Luego todo cambió y las traducciones se hicieron necesarias, hasta que llegó el eterno retorno, la vuelta al cine mudo, pero esta vez con imposiciones, bajo la gran dictadura lingüística: Cataluña, año 2010.

La ley sobre el cine catalán que prepara la Generalidad, por la cual se obligará a doblar o subtitular al catalán el 50 por ciento de las copias que se distribuyan en Cataluña, bajo multas millonarias por incumplimiento, no forma parte, desde luego, de esa modernización del cine con el paso de los años, por la cual se avanzó del cine mudo al sonoro y del idioma universal a las traducciones, sino que supone una imposición intolerable mediante la que pretenden silenciar el español en beneficio de las concepciones totalitarias de los secesionistas. Los cines de la ciudad mueren en silencio, poco a poco, pero el Gobierno catalán pretende matarlos de golpe, como pretenden también terminar con todo lo que les sigue uniendo, muy a su pesar, a la nación española. Por suerte para el cine y para nuestra nación, la rebelión cívica -el 75 por ciento de las salas han cerrado como acto de protesta- no permitirá que se materialice esta ignominia. Porque como escribía al comienzo, donde nace un cine, se abren las puertas de la imaginación y la libertad parece cobrar sentido. Esa libertad que hoy se encuentra atacada en Cataluña bajo cáscaras de pipas y amenazas sonoras, o mudas, qué más da.

> En la imagen: Charles Chaplin en la película 'El gran dictador'.

Comentarios

Dice ser Ignacio de S
2010-02-10 13:04:26
Juanma GG: Muchas gracias por tu consideración. Puestos a elegir, prefiero un... González Ruano. Un abrazo. Luis Español: Sin duda, pero ese manicomio está alimentado desde el Gobierno de ZP y eso resulta todavía más intolerable. Veré Invictus muy pronto. Gracias. Un abrazo.

Dice ser Luis Espaol
2010-02-06 12:48:31
Bueno, el gobierno catalán pretende multar, quitándoles no sé cuántos kilos de alpiste a los gorriones que no digan pío pío en catalán, o convertir por decreto Baqueira en puerto de mar. Desde el famoso baño en la piscina de Pedro Jota he llegado a la conclusión de que en Cataluña ya no hay necesidad de manicomios, basta con ir a cualquier oficina oficial, municipal o de la Generalidad. A mí me consuela muchísimo, cuando me noto nervioso o depresivo, constatar que si yo estoy mal, por allá están mucho peor. Solucionar no soluciona nada, pero consuela. Por cierto, como te gusta el cine, no dejes de ir a ver Invictus. Me ha encantado.

Dice ser Juanma GG
2010-02-06 12:37:30
Estupendo artículo, Nacho. Muy bien trazado, con una línea argumental perfecta y con un quiebro y un final dramático. Una historia bien contada, como una buena pelicula, sí señor. Enhorabuena. En cuanto al argumento nada que decir. Totalmente contigo. Yo te doy un Oscar al mejor guión... o ¿prefieres un Goya? Un fuerte abrazo.

 
 
 

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