LA VOZ LIBRE

ARNALDUR INDRIDASON

Indridason cree que la novela negra nórdica "debe ser más creíble por la escasez de crímenes"

Efe
2010-02-06 15:06:00

Barcelona.- Con más de cinco millones de ejemplares vendidos, el islandés Arnaldur Indridason considera que los crímenes de la novela negra nórdica han de tener un plus de verosimilitud, pues "el lector no traga cualquier cosa" y ha avanzado a Efe que la bancarrota islandesa estará en el eje argumental de su próxima obra.

Hasta 1997, cuando Indridason publicó su primera novela, "Synir duftsins", el género negro no tenía público en Islandia, una circunstancia que el autor explica: "Los escritores islandeses menospreciaban el 'noir' por considerarlo un género inferior, y en un país con poca criminalidad, tampoco resultaba muy creíble".

"Si quieres escribir una novela negra para un público islandés, debes prepararla cuidadosamente, para que sea realista y sobre todo verosímil", advierte.

Indridason es el padre de Erlendur Sveinsson, el protagonista de diez de sus historias, que ya forma parte del elenco internacional de los mejores personajes del género y que acaba de desembarcar en España con la última entrega, "La voz" (RBA).

Se confiesa heredero de la "novela social" de los pioneros del género en los países nórdicos, la pareja formada por los suecos Sjowall y Wahloo, "los autores que más me han inspirado en mi escritura", de los cuales le atraían "la banalidad del oficio de policía, que no era un héroe, sino un empleado normal, y su social-realismo, pues situaban las tramas en una sociedad determinada explicada en las novelas de manera verosímil".

La familia, que Indridason entiende como "el motor de la sociedad", aparece de manera transversal en su obra y dentro de esa corriente social, el autor expone su fascinación por las relaciones entre padres e hijos y hace hincapié en denunciar los malos tratos.

En su anterior novela, "La mujer de verde" se centró precisamente en los malos tratos en el hogar, porque "me parece uno de los peores crímenes que existen, y ese tipo de criminalidad existe en Islandia y en los últimos 20 años han aflorado más casos".

No oculta Indridason que tenía ganas de participar en el debate sobre esta lacra, porque son "crímenes difíciles de tratar y que a menudo quedan ocultos, escondidos, y por eso difíciles de investigar".

Al igual que el detective Wallander, del sueco Henning Mankell, Erlendur Sveinsson es un buen detective pero es un desastre en sus relaciones familiares: "Dentro de él existen contradicciones, ya que es capaz de ser compasivo con las víctimas y luchar para que tengan respuestas, pero en su vida privada abandona a su familia y no está capacitado para relacionarse con ellos de manera normal".

La historia reciente de Islandia, desde la II Guerra Mundial, también se cuela en las tramas negras de Indridason, en las que se refleja, explica el autor, "la emigración importante que hubo en la isla del campo a la ciudad, y Erlender es uno de ellos".

Muchos de estos emigrantes, recuerda, se quedaron "anclados en el pasado y no acabaron de encontrar su lugar en la Islandia moderna", una realidad que Indridason conoce muy bien pues su padre también era de esos emigrantes, si bien, a diferencia de Erlendur, "él disfrutaba de su vida en la ciudad y no vivía en el pasado".

La reciente bancarrota desatada por la crisis bancaria islandesa ha propiciado, asegura Indridason, que hayan aflorado novelas negras que tratan este tema y "saldrán más, porque se ha creado un clima propicio para la novela negra", subraya.

Su último novela publicada en Islandia tiene lugar precisamente, adelanta Indridason, "en el inicio de esa burbuja, y habla, sobre todo, de la avaricia y de sus consecuencias".

Indridason acepta la etiqueta de "novela negra nórdica", que ya existía antes del boom Larsson, que, en su opinión, se caracterizaría por "ese realismo y la incidencia en los temas sociales, y en la psicología de los personajes, más que en tramas de complots internacionales".

Para el escritor islandés, "los personajes son más importantes que las tramas" y quizá por eso asevera: "Me da igual que el lector descubra en la página 25 quién es el asesino".

Por Jose Oliva

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