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COLOMBIA-REHENES

A horas de la liberación de su hijo el tiempo se ha detenido para el profesor Moncayo

Efe
Tuesday, 30 de March de 2010, 12:34

Florencia (Colombia).- A pocas de la liberación del sargento Pablo Emilio Moncayo, secuestrado hace más de doce años por la guerrilla de las FARC, su padre, el profesor Gustavo Moncayo, siente "como si el tiempo se hubiera detenido".

Así lo expresó en una entrevista con Efe este profesor, conocido como el "Caminante de la Paz", quien romperá las cadenas que rodean su cuello y sus manos, iguales a las que portan los secuestrados en la selva, cuando su hijo descienda hoy de un helicóptero en el caluroso aeropuerto de Florencia (sur) ya como un hombre libre.

Y es que el profesor Moncayo ha llevado durante los últimos años esas cadenas como símbolo de su protesta incansable, mientras recorría el mundo para evitar que el drama del secuestro cayera en el olvido.

El maestro inició hace más de diez años un arduo recorrido por el que ha caminado más de 3.000 kilómetros a pie y viajado a más de 14 países para reclamar un intercambio de secuestrados por guerrilleros presos y un acuerdo de paz en Colombia.

Sin embargo, cuando el trayecto a la libertad de su hijo casi llega a su fin, reconoce que el cúmulo de emociones es tan "ilimitado" que su ansiada cuenta atrás parece haberse detenido.

"Es como si el tiempo no hubiera pasado y estuviéramos en ese momento, con la diferencia de que hace doce años había tristeza, sufrimiento, angustia y desazón. Hoy es una alegría inmensa, es ilimitado ese cúmulo de emociones que tenemos por dentro", confesó.

Agregó que "a unas horas, a unos minutos, a unas décimas, a unas centésimas" del momento más esperado "la alegría es demasiado grande, (...) es como si el tiempo se hubiera detenido".

Acostumbrado a su pesar a dictar conferencias en universidades de otros países sobre la necesidad de encontrar una salida al conflicto interno colombiano, en las que ha criticado sin tapujos al Gobierno del presidente Álvaro Uribe, Moncayo apenas encuentra ahora las palabras para intentar prever cómo reaccionará al ver de nuevo a su hijo.

"Es difícil. El ser humano funciona ante unos estímulos y esos estímulos hacen que los sentimientos se desborden, y hayan expresiones de alegría, de llanto, de risa, de todo", dice el padre del secuestrado al recrear en su mente ese abrazo y esas lágrimas que mañana compartirá con su hijo "saboreando la felicidad, el reencuentro, el renacer".

Ahora echa la vista atrás y recuerda los difíciles momentos vividos en los que peleó para que el cautiverio del joven Moncayo no cayera en un pozo de olvido: "Nunca nos lo propusimos, no pensamos en ningún momento que esto pudiera suceder y de la noche a la mañana nos convertimos de espectadores a actores".

El "Caminante por la Paz", que se vio obligado a dejar la docencia para dedicarse exclusivamente a reclamar la libertad de los rehenes, lamenta que palabras como "secuestro, intercambio humanitario o canje" sean parte habitual del lenguaje diario colombiano.

"Como maestro -recuerda-, muchas veces en mis cátedras hablaba de los procesos históricos de Colombia o el mundo, sobre las guerras, los conflictos, los secuestrados. Pero era tangencial. Y llega un momento en que (...) esas palabras se vuelven cotidianas y mi familia y mis hijas crecen con esos vocablos".

Su odisea está cerca del fin, pero no la de Colombia, a la que le queda, a su juicio, "un camino largo por recorrer".

"Hay que cambiar toda esa historia trágica de los colombianos", sentencia Moncayo, a menos de un día de poder resolver, por fin, su particular trágico relato que tantos años le ha encadenado.

Pablo Emilio Moncayo fue secuestrado el 21 de diciembre de 1997 junto a otros 17 compañeros cuando cumplía el servicio militar en una base del Ejército en el sureño departamento de Nariño.

La guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) liberaron a 16 de ellos y Moncayo, junto al soldado José Libio Martínez, es el rehén que más tiempo lleva secuestrado, con más de doce años de cautiverio.

Àlex Cubero

 

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