LA VOZ LIBRE

LITERATURA-MÚSICA

Argenta entra en las alcobas de 13 genios de la música para conocerlos mejor

Efe
2010-05-23 14:37:00

Madrid.- Entrar en las alcobas de trece grandes genios de la música clásica es lo que propone el popular divulgador musical Fernando Argenta en su libro "Los clásicos también pecan", con el que pretende acercar a hombres fuera de lo común al común de los mortales.

Queda así al descubierto la vida íntima de Antonio Vivaldi, Johann Sebastian Bach, Franz Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Franz Schubert, Franz Liszt, Richard Wagner, Giuseppe Verdi, Johannes Brahms, Piotr Ilich Tchaikovsky, Giacomo Puccini y Claude Débussy.

Con mucho humor, no exento de rigor, Argenta cuenta en su libro, editado por Plaza y Janés, cómo pasaron su infancia, cómo vivían, cuáles eran sus fuentes de inspiración, sus manías, sus ligues, sus secretos más o menos inconfesables y cómo murieron.

Pero no se trata, según el autor, de airear los trapos sucios de esos grandes compositores, sino de conocerles mejor y ver cómo sus vivencias influyeron en su música.

"Muchas veces se conoce mejor a las personas por sus defectos que por sus virtudes, y se puede profundizar más en su pensamiento y en su alma a través de ellos", reflexiona en una entrevista con Efe el creador y presentador de programas tan icónicos como "Clásicos Populares", que estuvo 32 años en RNE, o como "El Conciertazo", 9 años en TVE.

¿Mantuvo Vivaldi (1678-1741), el llamado "cura pelirrojo", cuya música es "un antídoto contra la depresión", un armonioso trío con su cantante favorita, Anna Girò, y con la hermana de ésta? ¿Fueron Puccini (1858-1924) y Liszt (1811-1886) unos mujeriegos? o ¿Era el polémico Wagner (1813-1883) un aprovechado y ególatra que agradecía además la ayuda de sus amigos 'pegándosela' con sus mujeres?

La respuesta a todas esas preguntas es, según Argenta, "sí".

Pero, sea como fuere, en las algo más de quinientas páginas que componen "Los clásicos también pecan", no se pretende "juzgar, condenar o absolver a nadie", dice Argenta (Madrid, 1945), autor también de los libros "Clásicos Populares" y "El Conciertazo", y que ahora va a escribir "Pequeña historia de la música" para Espasa.

En la vida de algunos grandes músicos, al igual en la de la mayoría de las personas, hay "momentos de grandeza y de miseria".

"Conocer esas debilidades, supuestos errores, su mal carácter o lo que sea" no debe alterar la admiración o amor que cada cual tenga por la obra de los grandes genios de la música, considera Argenta.

Por lo que a él respecta, si a alguna conclusión ha llegado a lo largo de todos estos años ha sido a que: "la genialidad es y será siempre un misterio" y a que hay que disociar el aspecto externo de un genio de su vida interior, de su capacidad emocionarnos con su obra.

Otra conclusión a la que también ha llegado Argenta, a quien le hubiese gustado ser amigo del excepcional Mozart (1756-1791), es que "detrás de cada hombre hay, a veces, una o varias grandes mujeres".

A esas "heroínas" que tanto significaron para esos trece grandes compositores o ayudaron en sus caminos, Argenta rinde un homenaje, y especialmente a las más generosas y abnegadas.

En ese sentido, si hay alguien especialmente afortunado, ése fue Bach (1685-1750), cuyo pecado, si tuvo alguno, fue su orgullo. Tanto su primera esposa, su prima María Barbara, como la segunda, Ana Magdalena, con quien se casó tras enviudar, fueron modélicas.

Lo mismo le sucedió a Verdi (1813-1901) con su primer amor y esposa, Margherita Barezzi, quien falleció muy joven, y con su segundo y gran amor, Giuseppina Streponi, quien le idolatró.

Maria de Flavigny, madre de los hijos del ligón Liszt; Minna Planner, la primera esposa de Wagner, quien estuvo a su lado en los tiempos difíciles; y Elvira Bonturi-Gemignani, la mujer del mujeriego Puccini, entran en la categoría de "sufridas" compañeras.

Muy diferentes son la "Amada Inmortal" del difícil Beethoven (1770-1827), quien sentía debilidad por las prostitutas; Clara, la mujer de Robert Schumann y amor platónico de Brahms (1833-1897), otro solterón empedernido; y Nadejda von Meck, apoyo fundamental para Tchaikovsky, quien sufrió enormemente por su homosexualidad.

Algo especial, y no siempre bueno, según Argenta, tenía que tener Débussy (1862-1918) para que dos mujeres se quisieran suicidar al ser abandonadas por él: Gaby y Lily Texier.

Y una tercera y última conclusión de quien entre 1960 y 1965 formó parte de Micky y Los Tonys: La música en sí no hay que entenderla, hay que sentirla y dejarse llevar por ella, y sus autores no son dioses -insiste-, son seres humanos de carne y hueso; aunque, hay que reconocer, que a veces muy especiales.

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