LA VOZ LIBRE

Cataluña ibérica: confusión 'ad nauseam'

Enrique Calvet Chambon
2013-10-21 11:12:31

(Parte I)

No hay cura ni remedio beneficioso sin un diagnóstico certero previo. Lo dijo mejor el gran Ortega: “No sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa…”. En el caso del “problema” de la Cataluña ibérica esa evidencia adquiere proporciones enormes y anti-democráticas. Pero no crean ustedes que ello se debe a que la sociedad española sea particularmente deficiente desde el punto de vista neuronal. En absoluto y todo lo contrario. Si no nos damos cuenta de lo que está sucediendo es porque poderosas fuerzas sin control democrático están invirtiendo ingentes esfuerzos para confundir, engañar, intoxicar, manipular y así, hacer tragar con ruedas de molino.

En algunos modestos episodios reflexionaré con ustedes. sobre las confusiones interesadas, las mentiras e intoxicaciones, y la “verdad del problema” y de sus protagonistas.

Hablemos primero de algunas (entre otras muchas) confusiones inoculadas tozudamente en nuestras mentes para distraer, hacer perder tiempo y energías, y banalizar el mal.

Primero hemos de afirmar que el problema que se plantea por parte de los gestores del Principado NO es un tema económico. Cualquiera intuye que una secesión desde un punto de partida muy integrado desde siglos empobrece a todo el mundo, y en mayor medida, hoy en día, al territorio de menor masa crítica. Basta con ver la senda histórica que han seguido los dos países en que se dividió la península ibérica. Nos empobreceremos todos en términos históricos. Mis compatriotas catalanes más. Tampoco es tema la supuesta permanencia en la UE o en el Euro. Cualquier bachiller que sepa leer sabe que al día siguiente de la secesión la Cataluña española saldría de la UE y de la protección del BCE. Es automático. Igual de cierto es que inmediatamente podrá pedir su ingreso, lo que tardará años, mucho agrio sacrificio y pérdida de prosperidad. Pero eso la oligarquía lo sabe y le da exactamente igual. Y debe darnos igual a los antisecesionistas por una razón evidente: ¿Si se tuviese la certeza de que el Principado, o los españoles sin nuestra querida Cataluña, íbamos a ser más ricos con la secesión se justificaría ésta? Por supuesto que no, sería igual de inmoral, injustificable, reaccionaria, insolidaria y socialmente abyecta. Por lo cual no perdamos el tiempo en convertir el debate secesionista en un problema de contables.

Segundo, debemos huir de las comparaciones insostenibles e intelectualmente deleznables. El caso de la Cataluña cis pirenaica es bastante singular, aunque sólo sea por el tiempo que llevan unidos los españoles. Pero, sobre todo, nuestro problema no tiene nada que ver, NADA, con Escocia ni con Canadá. La diferencia con Escocia es interesante porque pone de relieve el problema mayor. Escocia es un antiguo reino delimitado, definido, que existió largo tiempo como entidad política independiente y se sabe perfectamente desde el punto de vista jurídico/administrativo quién es escocés y quién no. Ese ente político decidió firmar una especie de tratado internacional, llamado Union Act, por el que se asociaba a Inglaterra y Gales para estar en el Reino Unido. Como tal entidad política está en su derecho de pretender anular o revisar ese tratado. Eso no tiene nada que ver con el proceso que plantea la Cataluña hispana que nunca ha sido una entidad política, sino parte de otras, cuyas fronteras son caprichosas decisiones administrativas (lo dicen los propios secesionistas: ¿Vinaroz? ¿Fraga?, ¿Perpiñán?) y cuya integración se hizo de manera natural tanto en el reino de Aragón como posteriormente éste en el reino de España. Fue fruto de un matrimonio regio, como muchas de las construcciones territoriales del medioevo europeo (las otras lo fueron por conquista; nosotros fuimos más sensatos y pacíficos) y en eso no hay ningún hecho diferencial ni castellano ni catalán. Pero la consecuencia de esto es muy seria y de orden democrático: si la secesión se plantea vía el “derecho a decidir de alguien”, inmediatamente se plantea quién tiene derecho a ejercerlo. ¿Lo tengo yo, nieto de Josep Calvet Boronat Pujol aunque viva fuera de Cataluña? ¿Sólo los nacidos en las cuatro provincias españolas? Pero entonces José Montilla y José Antonio Duran i Lleida no podrían votar. ¿Los empadronados a una fecha determinada en dichas provincias, temporal o permanentemente, inmigrantes incluidos? Pobre criterio democrático, más bien tribal. ¿Los que tengan doce apellidos catalanes? Pues el apellido más abundante en la Cataluña hispana es García, mal vamos... Y podríamos seguir con sinsentidos.

Esa es la diferencia con el Reino Unido, que somos ciudadanos unidos. Con Canadá, que sólo alcanza en 1931 el status de independiente (Estatuto de Westminster) tras haber sido confederación y un largo camino inconcluso de unión a base de pasos jurídicos y tratados internacionales, cualquier comparación ofende al conocimiento.

Existen, es cierto, otros casos menos incomparables: Kosovo, los tamiles de Ceilán del Norte, o el propio intento de secesión de los EE.UU. Pero, o son naciones muy recientes y en construcción, o están sometidas a circunstancias radicalmente distintas. No perdamos tiempo en justificar lo injustificable a través de ejemplos perversos. Lo que hace único el problema de nuestra tentativa secesionista es que España es un colectivo de ciudadanos sobre los que reposa la soberanía, y desde hace más tiempo que la mayoría de las democracias avanzadas, tal vez todas, y no una yuxtaposición de territorios independientes que se alían o separan por encima de los derechos civiles de las personas. Y así aparece recogido en nuestra Constitución votada mayoritariamente, sea cual sea la ordenación administrativa territorial que se le quiera dar, valor inferior al de la comunidad nacional de personas.

Recientemente, el Señor Roca, co-autor de la Constitución, ha afirmado lo contrario, argumentando que al llamar al Principado “nacionalidad” se recogía la existencia de un ente político pre-existente a la Constitución y con derechos como tal. Los juristas no han dado crédito y se han mesado los cabellos. Lo siento, pero el problema es mucho más grave, y no jurídico. Si eso fuese cierto, es todo nuestro armazón democrático el que se iría al garete. Porque se hubiese engañado fehacientemente a los españoles que votaron la Constitución Española, que jamás de los jamases imaginaron que con esa C.E. daban pie a la desmembración de España y a derechos de territorios por encima del derecho de los españoles. Se aseguró lo contrario. Si se engañó (y yo estaba allí) lo inmediato es volver a someter la cuestión de nuestra unidad a todos los españoles a través de mecanismos democráticos. Urgentemente.

No les aburriré más por hoy, pero he de seguir citando dos confusiones. La próxima vez les comunicaré mi visión de que en la Cataluña española no existe, en puridad, independentismo.

Comentarios

Dice ser JosdeLaRoda
2013-10-23 19:01:36
El sino de Cataluña es oscilar entre el seny y la rauxa. La rauxa de Pau Claris en 1640 terminó con la Cataluña norte bajo dominio francés. El seny de los catalanes de siglos posteriores trajo prosperidad y paz. La rauxa de Mas y sus secuaces ¿qué traerá?. Dicen que hasta los islámicos quieren ser catalanes independientes. De ahí a la República islámica de Cataluña puede haber un paso, como ya dijo alguien en el relato futurista "Pesadillas Mas-trágicas" que circula por la red. Un disparate completo.

Dice ser Alberto Puig
2013-10-23 12:26:21
Pujol padre, ese gran hombre de Estado, dijo: "Es catalán quien ha nacido en Cataluña y quien quiere serlo". Veamos entonces: Si uno ha nacido en Cataluña pero reside en Castilla, ¿es catalán o castellano?. Si otro ha nacido en Extremadura y vive en Cataluña ¿es extremeño o catalán? Si otro ha nacido en Senegal y quiere ser catalán ¿es senegalés o catalán?. Hace poco en una manifestación por la secesión de Cataluña pudimos ver a un sikh con su barba y turbante típico, portando una pancartilla en la que ponía de manifiesto su catalanidad. ¡Hombre claro, nada más catalán que un sikh del Punjab!

 
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