LA VOZ LIBRE

Cataluña ibérica: confusión 'ad nauseam' (parte II)

Enrique Calvet Chambon
2013-10-28 13:21:44

Si hemos descartado que el debate toral sobre el problema actual de la Cataluña citerior sea económico, ya que, en todo caso, eso sería discutir sobre consecuencias y no sobre la raíz, y hemos visto que tampoco conviene desperdiciar el tiempo en comparaciones histórica y geográficamente insostenibles, ya que el caso de nuestra Cataluña es singular; existen, al menos, dos otras confusiones a evitar antes de focalizar el problema “desnudo”, hacer su diagnóstico y pasar a posibles soluciones, si es que aún las hay de corte poco traumático (no digo cruento, digo traumático, ¡ojo!, que a mucho talibán se les hacen los dedos huéspedes. Tal vez el escenario más traumático previsible sea la escisión)

En primer lugar, no conviene mezclar el análisis de lo que acontece en la Cataluña peninsular con otros temas que son instrumentales o paralelos. Por ejemplo con el problema de impedir a niños españoles o emigrantes, de pocos recursos, estudiar, en el Principado, en castellano, la única lengua común constitucional que tienen el deber de conocer (lo llaman inmersión). O, por ejemplo, la evaluación del Estado de las Autonomías actual o de sus evidentes disparates económicos y desigualitarios. (Soslayando eventuales ventajas). Si bien es cierto que el secesionismo “de la seva” ha utilizado con suma habilidad y contundencia “la inmersión” como arma separadora, discriminatoria, estigmatizadora y manipuladora (¡y a costa de los niños!), el problema secesionista, conceptualmente, sería el mismo, aunque, como en Francia, no se privara a los jóvenes compatriotas estudiar en la lengua de su País. (¡ Por cierto, imagínense decirle al Mariscal Foch que su hijo no puede estudiar en francés! Por ir centrando democracias…..). El debate sobre la inmersión, y la consiguiente rebelión ante las sentencias de los tribunales, es un debate sobre valores, derechos de la infancia o instrumento felón en manos del secesionista, no es el debate del fondo de la cuestión.
Como tampoco lo es el debate sobre las Autonomías. Por muy cierto que fuere que su desarrollo hubiese devenido en un puro disparate económico-desigualitario, no es el debate secesionista. Cierto que se inventaron, desde la más absoluta candidez y, francamente, la total incompetencia política, por miedo a y para “engañar” al secesionismo. Pero el problema radical es río arriba. Es el propio secesionismo.

Y, finalmente, yo recomendaría recuperar la honradez intelectual y la precisión en el uso del vocabulario. Porque al perder esa batalla, se pierden los conceptos, y detrás, los valores. Que es para lo que sirve la confusión, hábilmente manipulada y promovida. Por eso afirmo categóricamente que en la Cataluña ibérica no existe, no puede existir, el independentismo. Tal vez por respeto a mis amigos que murieron en Argelia, o por admiración hacia personas como Gandhi o Leopold Sendar Senghor, me repugna que se utilice la palabra independentismo para nuestro problema actual en el Nordeste y otras regiones. El independentismo es y fue un noble movimiento de liberación de sociedades colonizadas o sometidas a una metrópoli que las relegaba a segunda categoría dominada. ¡Un respeto! Nada de eso, ni remotamente parecido, sucede, felizmente, en la Cataluña hispana, ni por supuesto, en ninguna otra región de España. (Si rizáramos el rizo, tal vez llegásemos a la conclusión de que es determinada oligarquía catalana la que considera al resto de los españoles de segunda). Además, ¿de qué o quién se independizaría la Cataluña peninsular? ¿Quién la somete? ¿No votan en las generales? ¿No pueden ser presidentes de Gobierno, ministros? ¿ No son un conjunto de ciudadanos españoles con exactamente los mismos derechos y la misma consideración que los demás (excepción hecha del derecho a estudiar en la lengua de su País)? ¿No representan a España y a su Estado con el mismo derecho, dignidad e igualdad que cualquier otro español? ¿Qué discriminación sufren? Hablar de independencia en Cataluña es un despropósito semántico que lleva el veneno de la confusión, pues ya no es sólo que no sepamos muy bien cual es el colectivo de “catalanes con derecho a decidir que no decidan los españoles”, sino que no sabemos tampoco de qué se quieren independizar. La verdad es que de nada, porque nada hay que les someta.

No nos detendremos en la palabra nacionalismo, que cuando se trata de la región de un estado, tiene un apreciable valor cultural, pero que no es asimilable a una unidad política, como bien señalara el Profesor Peces-Barba, que en paz descanse.

Y llamaremos a la cosa por su nombre, que es una manera de coger el toro por los cuernos: lo que acaece en la Cataluña subpirenáica es pura y simplemente secesionismo. ¿En qué intensidad? No se sabe, y es cambiante. Pero es lo que es: secesionismo.

Claro, el nombre no gusta porque no tiene buena pinta moral. Es más, yo creo que desde mucho antes, pero por lo menos desde Lincoln se sabe que el secesionismo es cosa fea, ilegal y, además, anti-democrática.

Nos detendremos en la próxima entrega sobre nuestro secesionismo cañí.

Comentarios

Dice ser Alberto Puig
2013-11-05 21:32:34
Fíjese Sr. o Sra. Anónimo si será certero y clarividente ese artículo que no hay más que leer el comentario que Vd. envía: es el vivo ejemplo de lo que sucede en Cataluña

Dice ser Anónimo
2013-11-02 20:32:18
Este Sr. se equivoca, no es secesionismo, es que la inmensa mayoría de los catalanes están hartos de que los distintos gobiernos de turno españoles, les atropellen economicamente, linguisticamente e inviertan lo mínimo en infraestructuras en su comunidad, asi que si esto es confusión Sr. economista con lo simple que es lo que digo hay mucha gente con estudios básicos que le tienen que dar lecciones.

 
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