Monday, 24 July 2017 | 
LA VOZ LIBRE

El Tribunal Constitucional y yo

Jesús Royo Arpón
Wednesday, 21 de July de 2010, 10:12

No tendrá la menor importancia, es una anécdota mínima, pero voy a contarla, aprovechando que el TC está bajo los focos. Finales del 2005. Yo trabajaba de profesor en un instituto de Secundaria de un pueblo de Barcelona. Ya se había completado la inmersión lingüística en la escuela primaria, con el éxito clamoroso que conocemos. El próximo objetivo nacionalista eran los institutos: se trataba de imponer el catalán como fuera, y se sacaron de la manga lo de 'lengua vehicular'. La lengua vehicular debía ser el catalán. ¿Por qué? Porque, siendo lengua propia de Cataluña, era también lengua propia de la escuela. ¿O es que la escuela no es de Cataluña? Esa era la argumentación al uso, y la gente del gremio tragábamos semejante maravilla de racionamiento. No porque no viéramos que era un sofisma zafio, basto y tramposo, sino porque en ello nos iba nuestra morterada mensual, el plato de cada día caliente en la mesa y la cuota de la hipoteca.

Se nos había vendido -mentido- que la inmersión -o sea, no atender el derecho a la educación en lengua materna- era necesaria para que los niños obtuvieran una destreza semejante en ambas lenguas al finalizar la primaria. En la secundaria, pues, habría libertad en cuanto a la lengua, según la opción del profesor, o según la composición del alumnado, o según la distribución que se decidiera en la planificación del consejo escolar. Fórmulas, todas ellas, racionales, igualitarias, en consonancia con la fórmula del Estatuto (el de Sau): "La Generalitat propiciará la igualdad de ambas lenguas". Pues no, todo eso se lo pasaron por el forro, donde dije digo, digo Diego, y ahora ya no era por compensar un agravio histórico ni por facilitar el aprendizaje de una lengua amenazada, sino porque sí, por 'uebos'. (Aclaración: 'uebos' significa necesidad, y es la versión castellana medieval del latino 'opus est').

Pues en ésas se planteó en el Claustro la obligatoriedad del catalán como lengua vehicular. Yo preparé para el caso una lista de citas jurídicas del TC (sentencia de 1984) de las que se deducía que el castellano, igual que el catalán, debe ser lengua docente y de comunicación con padres y alumnos, por lo que un claustro no podía eliminarlo. Y que me reservaba el derecho a impartir mis clases en castellano, que para mí era ya un deber de conciencia. La verdad es que no pude pasar de cinco palabras -suerte que, al menos, las citas las había repartido impresas-. Un compañero, iracundo, me increpó a voz en grito, me hizo responsable de las tropelías del Condeduque de Olivares, Felipe V y Franco, me asoció a los cuernos de la cabra de la legión y me estigmatizó con el baldón deshonroso de 'enemic de Catalunya'. O sea, cumplió a la perfección su papel de mamporrero: señalar dónde está el límite de lo tolerable. Y señalarlo no por mí, sino como aviso al resto de profesores. Todos repudiaron las formas intemperantes de aquel almogávar, pero sólo unos cuantos votaron en contra de la propuesta: jugándosela, evidentemente.

Meses después, el director me tuvo un par de horas rogándome que diera mi brazo a torcer, que había un padre intransigente, 'del morro fort', que iba a denunciarme a Inspección, que saldríamos en la prensa, que qué mosca me había picado y qué amistades frecuentaba. Total, hicimos un pacto entre caballeros: yo daba en catalán las clases de la ESO y en castellano las de Bachillerato, a la espera de lo que decidiera el Tribunal Constitucional.

La sentencia se ha retrasado cinco años, y mientras tanto me he jubilado. Ya nadie da las clases en castellano. Ahora llega la sentencia en que se afirma que ambas lenguas oficiales deben ser vehiculares de la docencia. El próximo curso, ¿habrá algún profesor que se acoja al derecho a dar clase en castellano, de acuerdo con la sentencia del TC? Para disuadir a vacilantes, ya están los mamporreros al acecho, afilando su hoz, 'esmolant l'eina'...

 

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