Monday, 16 October 2017 | 
LA VOZ LIBRE

José Miguel Velasco: "Nunca pensé que fuera imposible escolarizar a mi hijo en castellano"

Tiene dos hijos de 12 y 18 años en El Prat de Barcelona

LVL
Friday, 17 de April de 2009, 07:44

Barcelona.- José Miguel Velasco lleva casi dos décadas luchando para obtener lo que considera un derecho fundamental, batallando contra la Generalitat por un único objetivo: que sus hijos sean educados en su lengua materna, el castellano. El mayor tiene 18 años y cursa segundo de Bachillerato; el pequeño, de 12, 2º de ESO. Pese a las numerosas dificultades que se ha encontrado en el camino, no duda en seguir adelante.

- ¿Cuándo fue consciente de la eliminación del castellano en las aulas de Cataluña?

- Siempre se nos ha hablado de que en Cataluña existía una convivencia ejemplar. Cuando llevé a mi hijo mayor a la guardería fue cuando me di cuenta de la gravedad del problema, de la existencia de un régimen nacionalista, en el que la lengua es uno de los pilares fundamentales. Hasta entonces, francamente, ni se me había ocurrido pensar que sería imposible escolarizar a mi hijo en castellano.

- ¿Cómo afrontó la situación?

- Cuando mi hijo mayor tenía 3 años lo inscribí en una guardería privada. Solicité que le hablaran en español, me miraron como a un bicho raro y me negaron la solicitud, argumentando que nadie pedía algo así. En ese momento me sentí solo y no supe qué hacer ni a quién acudir. Me di cuenta de que en cualquier otra guardería me encontraría con el mismo problema, así que lo mantuve en el mismo centro durante un par de años. Posteriormente lo llevamos a otro, pero ya no me encontré con ánimos de tener la misma discusión. Poco después unos conocidos me hablaron de un colegio privado bilingüe, San Marc, por lo que decidí inscribirlo ahí. Durante tres o cuatro años fue bilingüe catalán- castellano pero poco a poco el castellano iba perdiendo tiempo y espacio. En ese periodo comencé a ver la intransigencia de la Generalitat respecto al tema lengua, por lo que me introduje en la Asociación Miguel de Cervantes y en la Asociación por la Tolerancia, ambas reivindicadoras de la enseñanza en castellano.

- ¿Cuánto tiempo estuvo su hijo en ese colegio?

- Cuatro años. Por aquel entonces mi mujer y yo compramos una vivienda y la hipoteca nos impedía seguir llevando al niño al colegio privado, que era muy caro. Por eso, al trasladarnos a vivir de Barcelona a El Prat de Llobregat, cambiamos a mi hijo mayor de colegio y lo trasladamos a uno público, el Josep Tarradellas. Solicité al director, de origen andaluz y hablante de un catalán de pena, que el castellano tuviera algo más de presencia en las clases, pero me respondió que personalmente no compartía la política lingüística de la Generalitat, pero que si no asumía las directrices de la catalanización a ultranza no podría aspirar a conservar su cargo. Así que no tramitaron la solicitud y todo siguió igual: la totalidad de las asignaturas en catalán y un par de horas semanales en lengua castellana.

- ¿Cómo fue la situación con su hijo pequeño?

- Lo llevamos a una guardería de aquí, de El Prat, y también hicimos la reivindicación de que hubiera cierta presencia del castellano en el trato con los niños, pero no se me hizo ningún caso. Me enzarzé en una discusión con las profesoras y los otros padres se enfrentaron a mí diciendo que ya estaba bien de hacerme el pesado con el mismo tema. Me sorprendió, en una localidad dónde en torno al 80 por ciento de la población es castellanohablante. Años después lo llevé al colegio privado Escuelas Pías, de Barcelona, al que también trasladé al mayor tras pasar por el Instituto Salvador Dalí, debido a sus malos resultados. En este centro cursan de nuevo todo en catalán, con la excepción de la asignatura de castellano, de 2 horas a la semana.

- ¿En qué idioma hablan en casa?

- Conmigo, en castellano, y con su madre, en catalán. Por otro lado, yo he tratado de que adquieran el gusto por la lectura, por lo que  leen indistintamente en los dos idiomas. Sin embargo, no puedo exigir a mis hijos que escriban en castellano sin faltas de ortografía, ni tampoco un mínimo conocimiento de cultura general. La enseñanza en Cataluña se centra únicamente en la región y no hace alusión alguna al resto de España, por lo que los conocimientos de mis hijos también son limitados.

- ¿Cuál es su opinión acerca del conflicto lingüístico? ¿Cree que el resto de la población tiene la misma percepción?

- La gente es bastante dócil y conformista con lo que percibe. El catalanismo se escuda siempre en que no hay ningún problema. Como es cierto que la política lingüística de la Generalitat no impide comer, dormir o hacer pis, la mayoría de ese cincuenta por ciento de la población afectada por esta imposición todavía no siente el problema. Realmente, yo creo que el asunto no está en el problema particular de una persona por no dominar el catalán sino en el designio político de eliminar el idioma de una parte de la población, de borrar a medio plazo la costumbre de una parte de la población de expresarse en castellano.

- ¿Cómo se visualiza ese proyecto nacionalista?

- A través de una serie de prácticas que pretenden eliminar el castellano como lengua oficial, convirtiendo la cooficialidad en papel mojado. Creo que es obvio que miles de niños castellanohablantes están siendo forzados a cambiar su lengua: se ha suprimido el castellano como lengua vehicular en la enseñanza y se está creando un discurso muy nacionalista  que pretende transmitirle a la gente que el castellano es la lengua del pelotón de los tontos. Como nunca hemos replicado a todas esas prácticas y nos hemos enredado en decir que si la ley dice esto o lo otro y del caso específico de un niño u otro, como nos hemos liado con asuntos meramente anecdóticos. Cuándo nos hemos querido dar cuenta el mal ya estaba hecho.

- ¿Cómo debería ser la enseñanza en Cataluña para que se sintiera satisfecho?

- Me gustaría que existiera la posibilidad de tener una educación bilingüe para mis hijos. Actualmente, el sistema de imposición lingüística en catalán tiene tres niveles: perjudica a mis hijos, privándoles de una lengua tan rica como el castellano; obliga a la sociedad a renegar de sus raíces; y es un ariete del nacionalismo para crear un país diferenciado del resto de España. Creo que la solución estaría en realizar una hiperactividad cultural y asociativa que desmienta que el español es la lengua del pelotón de los tontos y que la gente vuelva a apreciar el prestigio del castellano. Lo que hay que hacer es reivindicar que tenemos una lengua común que es el castellano, que está integrado por gente de toda España. Hay que acabar con la imagen de que dentro de las torres de La Caixa se habla catalán y en las zanjas de la calle, castellano. Mientras no se recupere ese prestigio no habrá nada que hacer: todos querrán estar en el club de los ricos.

 

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