LA VOZ LIBRE

La vuelta al mundo de ZP en dos semanas

Fernando Jáuregui
2009-09-14 10:40:36

Tras un debate parlamentario bastante triste sobre la situación económica de España que dejó muchas incógnitas y algunas certezas -bien, lo que se dice bien, no vamos-, la semana política española concluía con dos contactos internacionales por parte de Zapatero: la 'cumbre' hispano-italiana, en la que Berlusconi dejó bien claro su talante zafio y machista, y la visita privada, pero nunca menos privada, de Hugo Chávez a Madrid. Menos mal que, luego, el presidente español remató la faena yéndose a París para ser abrazado, como suele, por 'Sarko'.

Una visita, la de Chávez, que ha dado estupendas imágenes, que demuestran a lo vivo lo que es un líder populista y algo demagogo: su paseo por la Gran Vía madrileña, comprando libros en compañía de un divertido presidente de Repsol, Antoni Brufau, solo puede compararse con las circunstancias que acompañaron a una de las entrevistas periodísticas que concedió durante su breve estancia en España. El redactor fue convocado a las tres de la madrugada a un hotel por el embajador venezolano para hablar de la solicitada entrevista, pero, cuando llegó el periodista, allí no estaba ya el embajador, paradigma de la mala educación que siempre acompaña a los bolivarianos. Lo demás, las entrevistas otorgadas a medios que la embajada consideraba 'simpatizantes' de la causa bolivariana, pura propaganda sin mayor valor informativo, si no es el de confirmar la escasa estatura democrática del caudillo venezolano.

Berlusconi es, en cuanto a talante, casi el Chávez en versión italiana. Hay que ver el recital de mal gusto que ofreció a sus visitantes del Gobierno español -especialmente a las vicepresidentas y a las ministras- ese 'Casanova' septuagenario de tez macilenta y pelo teñido de caoba. La prensa adicta al peculiar primer ministro italiano -bueno, no es adicta, es, simplemente, propiedad de Berlusconi- ha dado su particular versión de esa 'cumbre' y de la visita de cortesía que Zapatero realizó a Villa Certosa, la mansión sarda donde 'il cavaliere' mantiene sus lances galantes. En fin, cabe decir que ZP anduvo algo ingenuo al aceptar la pérfida invitación de Don Silvio para acudir a la sede de tanto vergonzoso escándalo, 'legitimando' -en versión de uno de los diarios en manos de la familia Berlusconi- las tropelías que allí se han cometido.

Berlusconi y Chávez inauguraron la trepidante agenda internacional que permitirá a Zapatero olvidar por unos días los disgustos domésticos. Este domingo, el boliviano Evo Morales, a quien algunos se empeñan en presentar como un nuevo Fidel de los Andes, llega a España, donde el lunes comienza su visita privada tras mantener, en la jornada festiva, un multitudinario encuentro con miles de sus compatriotas en Madrid.

No han faltado en España voces críticas con las visitas de los dos bolivarianos, procedentes sobre todo de medios conservadores: carecen, en mi opinión, de razón, porque España, organizadora de las 'cumbres' iberoamericanas, está obligada a mantener una interlocución privilegiada, por historia, por imperativo moral y político, y también por conveniencia económica, con los países de América Latina. Con todos los países de América Latina, sea cual sea su sistema político o su mayor o menor grado de democracia. Y así lo entienden, me parece, todos, sin excepción, los líderes del continente, comenzando por Barack Obama, que ya verán ustedes como algo de eso dice cuando, en mayo, viaje a Madrid y otras ciudades españolas.

En todo caso, Berlusconi, Chávez, Morales y, como antes decía, Sarkozy inauguran unas semanas trepidantes, en las que Zapatero va a encontrar poco tiempo para mantener esa anunciada 'cumbre' con el líder de la oposición casera, Mariano Rajoy, en la que tanto tienen de qué hablar. De París a la localidad rusa de Jaroslav, de Nueva York a Pittsburgh, de Londres a Copenhague, Zapatero va a encontrarse, este mes, con los principales líderes del mundo, incluídos Obama y el presidente ruso Medvedev, que es la 'cara amable' de Putin.

Una inmersión de relaciones exteriores que a ZP le sirve para preparar lo que él considera la culminación de su actividad diplomática: la inminente presidencia española de la UE. Un acontecimiento, confía el impenitente optimista Zapatero, que le devolverá parte de la popularidad perdida merced a una crisis económica mal, muy mal, gestionada a nivel nacional. Ya veremos si esas expectativas se cumplen; de momento, hay que admitir que la política exterior, aunque a muchos les pese, marcha bastante bien. Menos mal.

Comentarios

 
 
 

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