Friday, 21 July 2017 | 
LA VOZ LIBRE

Política

Manuel Romero

Manuel Romero

Periodista y director de La Voz Libre
Monday, 21 de December de 2015, 11:37
El baile de las cuatro princesas

Las elecciones del 20 de Diciembre merecen un análisis de urgencia que permita vislumbrar una salida con sentido común, antes de que el baile de siglas empañe los ojos de los protagonistas políticos, y no digamos de los participantes en las tertulias de radio y televisión, convertidos en oráculos en ágoras diarias.

Habrá muerto el bipartidismo, pero nunca lo hará la división bipolar de la política de las cámaras. Seguirá siendo imprescindible disponer de 176 diputados en el Congreso para emprender la formación de gobierno.

Trazada la línea por el centro del arco parlamentario, a la derecha queda PP (123 diputados) y Ciudadanos (40 diputados), mientras que a la izquierda se sitúan PSOE (90 diputados), el conglomerado Podemos (69 diputados) y Unidad Popular (2 diputados), sin que ninguno de los bloques dispongan de la suma necesaria para gobernar. Todos los demás añadidos al furgón de cola son meras conjeturas improbables, como que ERC, en pleno proceso de ‘desenchufarse’ de España vaya a dar a la izquierda española luz y energía.

Nunca en una noche electoral los líderes de los grandes partidos ordenaron sus intervenciones con más cuidado. Pedro Sánchez y Mariano Rajoy hablaron a sus seguidores cuando hacía ya casi una hora que los resultados estaban cantados. Ni euforia, ni ataques a los contrincantes. Cualquiera diría que habían contactado previamente y acordado sus palabras. Pedro Sánchez admitió que el PP, como partido más votado, debía tomar la iniciativa de formar gobierno, y Mariano Rajoy insistió en que se acercaba un período de mucho diálogo.

El panorama que se abre es incierto, pero los números están tan claros que sólo se pueden explicar desde los antecedentes de ese bipartidismo que se intenta (no se sabe por qué) aniquilar.

El PP, con 123 diputados y 7.211.852 votos (28,72%), pierde lo que Ciudadanos gana (40 diputados, 3.498.070 votos 13,93%). El drama para ambos es que el sistema d’Hondt no ha generado a C’s los suficientes diputados para que se mantuviera la mayoría absoluta con la suma de ambas formaciones.

Lo mismo ha ocurrido con el PSOE (90 diputados, 5.528.830 votos, 22,02%) junto a Podemos (69 diputados, 5.187.078 votos, 20,66%).

Lo que quedan son flecos: 2 diputados de Unidad Popular (antigua Izquierda Unida), y la retahíla de siglas nacionalistas habituales (ERC, DiL de Mas, PNV, EH Bildu y Coalición Canaria).

No hay más cera de la que arde. Así que si Mariano Rajoy quiere formar gobierno, aparte de acudir a la aparentemente formación más afín -Ciudadanos- , tendrá que tentar a Pedro Sánchez. Excepto una repetición de comicios en marzo, no veo otra salida que un intento de gran coalición PP-PSOE, al estilo alemán, o al menos un programa de gobierno pactado entre las dos grandes formaciones y un manos libres siempre abierto con un gobierno PP-Ciudadanos. Pero me cuesta creer que Pedro Sánchez quiera dejar el monopolio de la oposición a Podemos.

La prueba del 9 va a manifestarse antes de lo que muchos creen. El 27 de diciembre, la CUP decide su apoyo o rechazo a la investidura de Artur Mas (otro en apuros) y el inicio de secesión a plazos como los separatistas catalanes tienen previsto. Ahí veremos los movimientos siderales del nuevo universo político español, que descifrará si son leones o gacelas (como Francesc Homs describiría al Estado y a quienes se mueven para despiezarlo)… o se han convertido en una manada de elefantes corpulentos y torpes frente a las alimañas.

En la noche electoral, el tono de los contrincantes de 20D fue mesurado. Incluso Pablo Iglesias frunció menos el ceño, y eso que capitaneaba el buque de desembarco más numeroso, tal vez porque lidiar todas las marcas y submarcas que conforman su coalición (En Comú Podem, Compromís-Podemos-Ès el Moment y En Marea) va a ser en sí una labor de encaje de bolillos, aún más si se tienen en cuenta las veleidades separatistas de algunos de sus compañeros de viaje.

Albert Rivera mantuvo el tono de ‘ilusión’ ante unos resultados nacionales por debajo de lo que él había pronosticado. Pero el desastre se vivía en casa, en Cataluña, donde de ser la segunda fuerza política hace tres meses ha pasado a ser quinta, empatada con la sexta, el PP. Del 18% en los comicios autonómicos ha caído al 13% de este domingo, deja al PSC-PSOE adelantarle, además de perder el liderazgo de la lucha contra el nacionalismo, que fue lo que le aupó.

Pedro Sánchez sigue con la máxima de llevar al PSOE de derrota en derrota. Sus antecesores en el cargo de secretario general han visto cómo sus ‘peores resultados’ eran superados por quien quemó en el debate electoral todas las naves de una posible alianza de emergencia con el PP. Lo cual le pone ante los pies de los caballos de Susana Díaz, que mantiene y hasta refuerza su bastión andaluz.

Y Mariano… Mariano Rajoy, con la peor caída del PP desde el gobierno, apesadumbrado de que la nueva política haya surgido en los platós de televisión -a los que él y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se incorporaron a última hora de la precampaña- con la responsabilidad de abrir el baile.

Sólo cabe un deseo, y es que no seamos Bélgica o Italia, donde los ciudadanos se han acostumbrado a ser gobernados sin gobierno y a participar en sucesivas elecciones que poco cambian el dibujo electoral.

Por lo tanto, es la hora de no jugar a siglas sino a programas, a medidas, a impedir que las bolsas caigan, los inversores se atemoricen, la prima de riesgo ascienda, se pierda influencia en los núcleos de poder europeo y los separatistas aprovechen el río revuelto.

Hay poco tiempo para adaptarse a la nueva situación. Pero, sin duda, los problemas actuales apremiarán soluciones… y veremos si estas cuatro princesas mantienen su turno de baile y evitan los pisotones.

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