LA VOZ LIBRE

Una modesta proposición: que desaparezca el Consejo de Estado de España (2)

Felicísimo Valbuena
2012-06-12 14:06:16

En mi columna anterior prometí que me iba a ocupar de algunos de los miembros que componen el Consejo de Estado. Y cuanto más repaso la página de la Wikipedia sobre este Consejo, más me reafirmo, como creo que cualquier internauta, en que ese Consejo ha de desaparecer.

Hay tres tipos de Consejeros: Permanentes, Natos y Ejecutivos. Creo que hay en todos ellos un toque egipcio, también de estatuas de Buda, es decir, de inmutables, pero ¿y por qué no echar el sedal aguas arriba, afirmando que parecen prehistóricos?

EL CONSEJO DE ESTADO, REFUGIO DE DERROTADOS

Nota previa: en esta columna, como en todas, procuro atenerme a la respuesta que dio el General Patton cuando le plantearon qué haría si vinieran contra él los soviéticos y los nazis: “Atacaría en las dos direcciones”. Me agrada saber que los dos generales más valorados en las revistas militares desde hace tiempo son Patton y Rommel, porque eran muy efectivos; sacaban el mayor resultado de medios limitados. Sin embargo, el que tiene su prestigio en caída libre es el mariscal Montgomery, al que le gustaba acaparar y acaparar tropas y medios.

Podría haber llegado a ser miembro del Consejo de Estado y no haber desmerecido.

Volviendo al título de este apartado, podríamos enunciar esta proposición: “No hay nada más productivo que el fracaso”.

Nos encontramos nada menos que con Don Landelino Lavilla, el último candidato de la UCD, que logró dos diputados en 1982. Pues ahí le tenemos: treinta años en el Consejo de Estado. ¿Y qué ha hecho de notable Don Landelino durante estos treinta años? Pues prácticamente, nada. Si consultan ustedes la Wikipedia, comprobarán que sólo salió de su quietud tutankamonesca en 1996, cuando aspiró a la Presidencia del Consejo General del Poder Judicial. Fracasó, como en 1982, pero ahí sigue, con todos los privilegios de Consejero Permanente. ¿Y por qué los españoles tenemos que pagar los privilegios de ese señor?

También de la UCD proceden otros dos miembros del Consejo de Estado: D. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y D. Juan Antonio Rodríguez y Díaz Ambrona. El gran mérito de este último ha sido haber presidido la desaparición de UCD y, ahora, ser Magistrado del Tribunal Constitucional de Andorra por designación episcopal. Además, fue el peor Ministro de Educación que ha habido, según quienes muchos que recuerdan la Transición; sin embargo, de lo que llamaría Chesterton esta “enorme minucia”, no me puedo ocupar en esta columna.

Finalmente, también halla cobijo en el Consejo de Estado D. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, al que la Wikipedia designa nada menos que como “uno de los padres de la Constitución”. Miguel Herrero era un buen parlamentario y podría haber sido un gran político, hasta que Aznar le venció en la carrera por la sucesión de Fraga. Asimiló mal su fracaso y dedicó sus energías a otras empresas de menor calado hasta que, desde 2004, desapareció prácticamente de la vida pública, al entrar en el Consejo de Estado. Por cierto, también ha estado ocho años de Consejero de Estado de Andorra.

Tres derrotados, tres amarrados a los privilegios del Consejo de Estado.

Podemos añadir una mujer a este apartado: Isabel Tocino Biscalorasaga. También Fraga Iribarne la quería como su sucesora. Tuvo una efímera carrera política y llegó a ser Ministra de Medio Ambiente. ¿Y después? El Consejo de Estado, claro está. No hay un bálsamo mejor para quien no llega muy allá en política.

Entonces, la pregunta que les hago a ustedes es por qué el Consejo de Estado tiene que ser un refugio seguro de derrotados.

EL CONSEJO DE ESTADO, REFUGIO DE TRIUNFADORES

Felipe González ha sido un gran triunfador de la política española. Una de las notas que más le honran es que haya renunciado a formar parte del Consejo de Estado. Lo cual es señal de que sabe ganarse la vida de otra manera que recibiendo los privilegios de ese Consejo. José María Aznar sí aceptó formar parte de dicho Consejo y es una de las notas que más le perjudican en su historial. Decidió abandonar ese puesto de privilegio cuando se hizo público que estaba recibiendo fondos por asesorar a Rupert Murdoch, el gran magnate de los medios de comunicación.

¿No hubiera sido mucho mejor haber hecho lo que Felipe González? Éste cobra como asesor de Carlos Slim, el multimillonario mejicano. Y como Felipe las ve venir, ¿se debió de plantear qué iba a aportarle el Consejo de Estado comparándolo con la oferta de Slim? “Cacahuetes”, como dicen los yanquis. Aznar no tuvo esa visión, y es una cicatriz que llevará en su imagen de por vida.

José Luis Rodríguez Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega y Juan Carlos Rodríguez Ibarra son tres triunfadores en política. Pero sólo en política. Parece que no valen para ganarse la vida de otra manera. Al menos, Felipe González y José María Aznar se ganan la vida como lobistas, y no en el peor sentido de la palabra. 'Lobby' tiene una connotación peyorativa, pero tiene aspectos muy útiles y honorables. Sobre todo, contribuyen a que los políticos trabajen e impulsen leyes que no siempre son malas.

Volviendo a Ibarra, está escribiendo una de las páginas más penosas de una biografía de quien tenía lucidez, valentía y decía lo que pensaba. ¿Qué es de él ahora? Podrá decir lo que quiera en las tertulias en las que participe, pero el caso es que es la piedra de escándalo de las prejubilaciones de privilegio y, encima, nos enteramos de otro chollo más: es Consejero de Estado. Ah, y tampoco podemos olvidarnos de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que además del supersueldo del que disfrutaba como Gobernador del Banco de España, cargo que abandonó hace unos días, añade ser Consejero de Estado.

A mí me da la impresión de que estos personajes son como las estatuas de Botero. Gordos, gordas y risibles. ¿Por qué tenemos que pagar los españoles un supersueldo a estas personas, además de lo que ya ganan por el trabajo que han realizado?

LO MÁS PERJUDICIAL DE ESTOS EJEMPLOS

En estos momentos de crisis, ha habido dos personajes, al mando de dos organizaciones, que representan la defensa de los privilegios cuando millones de españoles lo están pasando tan mal. Me refiero a Justo Peral, presidente del Sepla-Iberia, es decir, del Sindicato español de pilotos de líneas aéreas de Iberia, y Camilo Cela, Presidente de Usca (Unión sindical de controladores aéreos). Todo lo que los políticos y los usuarios de líneas aéreas hagamos para descabalgarlos de sus privilegios y de su poder de estorbar al máximo la actividad económica y, especialmente la turística, será poco. Ahora bien, ejemplos como los de los privilegiados del Consejo de Estado les dan alas y más alas a Justo y a Camilo, para que sigan en sus nubes. Siempre podrán decir que el trabajo de los pilotos y controladores es visible y mensurable. Pero ¿a cuánto sale la hora efectiva de trabajo de cada Consejero de Estado? ¿Por qué no se lo encargan a una auditoría? Sería como para taparse los ojos por no ver el increíble precio a que nos sale a los españoles una hora, un día, un mes, un año, diez años, treinta años de un Consejero de Estado. Entonces, los inefables Justo y Camilo siempre podrán mostrar que sus representados pegan mucho más golpe que los Consejeros.

Hablando de productividad, también ha entrado en el Consejo de Estado otro inefable: José María Michavila Núñez.

¡Oh, Michavila!. Una de las historias mejor guardadas de la Universidad Complutense de Madrid es lo que logró Gustavo Villapalos en 1992: ¡Hacer Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Información a José María Michavila sin, al parecer, haber dado una sola clase en esa Facultad y sin volver a darla! Nunca le oí Villapalos definir el poder, pero yo creo no equivocarme si pienso que su marco mental es algo parecido a “Poder viene de se puede”. Tendremos que ocuparnos alguna vez de contar esta historia de Michavila; incluso, la de Villapalos. Porque su historia en el Rectorado de éste da para una serie de televisión.

Volviendo a Michavila, ya José L. Lobo en 'El Confidencial' afirmaba hace tiempo que bastaba con echar un vistazo a discursia.com o rastrear en la página oficial del Congreso para comprobar que son muchos los que se disputaban en la pasada legislatura el dudoso honor de “diputado vago”. Dos destacaron por encima de los demás: Txiki Benegas en el bando socialista y José María Michavila en la bancada del PP. Ambos fueron distinguidos en varias ocasiones durante la pasada legislatura con el premio anual "desconocido en el Parlamento" que otorga la Asociación de Periodistas Parlamentarios: Michavila por dos veces (2004 y 2006) y Benegas en tres, aunque en calidad de finalista (2004, 2005 y 2007).

Pues sí, el Partido Popular ha propuesto como Consejero Electivo a José María Michavila. Entonces, en lugar de empezar a iniciar el juego del '¿No es horrible?', como lo definía el genio Eric Berne, es decir, en vez de plantearnos cuestiones como en qué ha quedado el ansia regeneradora del PP, etc., podemos hacernos esta pregunta simple, pero no simplona: ¿Quién ha propuesto a Michavila como Consejero Electivo?.

Bueno es que nos enteremos de quién ha sido ese 'cerebro' que ha causado un desprestigio innecesario al PP; mejor sería, pero impensable, que Michavila dimitiera; ¿cómo va a dimitir quien ha demostrado que le interesa mucho más ganar dinero en un bufete de abogados que ejercer de diputado?; es decir, quien ha demostrado tanto sentido del tacto para contar los euros. Y puestos a ponernos optimistas, lo mejor es que dimitieran todos los Consejeros: los Permanentes, los Natos y los Ejecutivos. Todos. Que las ramas de Michavila y de los otros citados no nos oculten el bosque.

Termino esta columna afirmando que necesito rectificar. No el contenido, sino un anuncio que hice en mi anterior columna. Dije que iba a escribir dos sobre el Consejo de Estado.

Pues no, van a ser más. ¿Una? ¿Dos? Ahora no lo puedo decir. Lo que sí adelanto es que una de las razones que me llevan a escribir más sobre este asunto es un correo que muchos de ustedes habrán recibido una presentación en PowerPoint con el testimonio del ex-Presidente Harry Truman cuando se negó a recibir nada más que su pensión. Por algo los norteamericanos le consideran uno de sus mejores mandatarios. No está mal acabar esta columna mencionado a Truman, que está en la estratosfera, comparándolo con los Consejeros de Estado. El gran consuelo es que, dentro de años y años, de Truman se acordarán millones de personas. De los actuales Consejeros de Estado no se acordará nadie.

Ni falta que hará.

> En la imagen, Rodríguez Zapatero el día de su ingreso como miembro vitalicio en el Consejo de Estado en febrero de 2012.

Comentarios

 
Publicidad