LA VOZ LIBRE

Manuel García Viñó muere con las botas puestas

Felicísimo Valbuena
2013-11-26 10:04:20

El pasado 3 de Septiembre, Manuel García Viñó, con quien me unía una amistad que había nacido unos años atrás, me escribió el siguiente correo:

«Estoy muy fastidiado e imagino que cada día lo estaré más.
Esto se está acabando. Lo que dure, no lo sé. Pero se está acabando.
Un abrazo. Manuel »

Como en tantas ocasiones, Manuel ha acertado. Ha vivido solo tres meses desde que escribió esas palabras. Ahora bien, ¡qué forma de morir!. Ayer, en el tanatorio, su hijo Manolo me dijo que le había enviado, sólo hacía unos días, textos suficientes para los dos próximos números de La Fiera Literaria.

¡Qué fuerza tenía este hombre!. Ese vigor adoptaba formas diversas, pero concurrían para convertir su estilo en muy original: humor en sus variedades más insólitas; valentía para enfrentarse con los «lobbies» de las editoriales y de la crítica; dominio de todas las formas del ataque dialéctico; una intuición axiológica para saber quiénes demostraban ser unos escritores extraordinarios y quiénes adoraban al becerro de oro; una capacidad ilimitada de lectura de autores españoles y extranjeros, clásicos y actuales; un método propio: la Crítica Acompasada; una paciencia infinita para aplicar su método; ¿sigo? No, porque quiero dejar algunas ideas más para escribir en otros medios digitales.

¿Que le hubiera gustado un reconocimiento mucho mayor del valor de sus novelas? Pues claro. Escribir era su vida. Y sin embargo, demostró la misma actitud que Stendhal, cuando tres meses antes de su muerte recibió una carta de Balzac, en el que reconocía sus grandes méritos. Murió feliz. Igual que Manuel se iba dando cuenta de que tenía muchos más admiradores de los que él pensaba.

Recuerdo la última vez en que fui a verle a casa con dos compañeras. En su charla demostró que conocía demasiadas cosas sobre los comportamientos de las personas, y encima, expresaba ese conocimiento con mucha gracia.

Siempre que hemos leído en clase de Universidad textos en los que Manuel García Viñó aplicaba la Crítica Acompasada a alguna obra literaria, los estudiantes se lo pasaban tan bien, se reían tanto, que algunos me decían: «Me he divertido y he aprendido más en esta clase que viendo una comedia ». Como decía el actor Edmund Gween, el protagonista de Calabuig, de Berlanga: «Morir es fácil; lo verdaderamente difícil es escribir buena comedia ».

Manuel sabía escribir con mucho humor.

Cuando debatía, demostraba que sabía muy bien de qué iba el asunto. Lo he escrito y lo repito aquí mismo: El debate más interesante, incluso retóricamente más importante, que ha habido en España en muchos, muchos años, es el que mantuvieron Manuel y Ángel Padilla sobre los toros y que salió publicado en La Fiera Literaria en el número de julio-agosto de 2009. El título fue «Taurinos y antitaurinos» . A ver quiénes son capaces de mejorar ese debate por correo electrónico, tomando como asunto cualquier ámbito de la realidad.. Y eso que a Manuel, que era un hombre muy familiar, debió de dolerle que nada menos que su hijo Manolo se pusiera de parte de Ángel Padilla. Buscó un título cinematográfico para esa experiencia: Kramer contra Kramer.

Manuel tenía partidarios y detractores. En esto coincidía con innumerables personas. De lo que carecen muchos de esos innumerables es de los buenísimos golpes de gracia que repartía Manuel en todas las direcciones. Como habría dicho Baltasar Gracián, Manuel García Viñó tenía «buenos repentes».

Hasta la muerte de su mujer, hace unos pocos años, pasó temporadas muy agradables. Y después, la Literatura le ayudó a llevar una vida que muchos envidiarían. Si comparamos a Manuel con Bismarck, podemos decir que, para el canciller prusiano, la política era su vida. Cuando dejó de ejercer de político, se consideró un inútil. Por el contrario, como escribir era la vida misma para Manuel, y no podía pasarse sin hacerlo contra esto y aquello, como Unamuno, sus últimos años han debido de ser espléndidos.

Quiero mencionar un desacuerdo que yo mantenía con Manuel, aunque no dedicamos apenas tiempo al asunto. Algunos de los escritores a los que él criticaba continuamente, habían dado muestras de una gran valentía en sus pronunciamientos contra el terrorismo. Por ejemplo, Fernando Savater, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina... Me hubiera agradado mucho verle reconociendo este hecho. No sólo de Literatura vive el hombre...

La última persona que criticó el método de Manuel García Viñó fue un Profesor de Prehistoria de la Complutense que se llama Víctor M. Fernández Martínez, precisamente por haber ensalzado yo la Crítica Acompasada. Lo hizo de forma tan endeble que Manuel me escribió diciendo: «Me relamo pensando en el día que, con tu permiso, pueda comentar las falsedades que dice sobre la crítica acompasada». 

Pues bien, si a él no ha tenido tiempo para criticar a ese profesor, lo haremos otros en cualquier momento. Es lo mínimo que debemos a García Viñó por tanto como nos ha dado.

Espero que sus hijos y sus nietos conserven y difundan lo mucho que escribió su padre y abuelo. Que consigan escanear y colgar en la web de La Fiera Literaria todos los números que Manuel fue editando mensualmente durante quince años; que hagan pervivir sus novelas y ensayos. Ahora, con Internet, los recuerdos sobre una persona pueden pervivir años y años.

Nos lo deben a todos los que le tratamos y creímos en su manera de ver la Literatura. 

> En la imagen, Manuel García Viñó.

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