LA VOZ LIBRE

Polémica sobre el aborto: una coartada para no tener política demográfica

Felicísimo Valbuena
2013-12-26 11:45:46

Los políticos actuales, de todos los partidos, necesitan saber filosofía

El 25 de enero pasado, es decir, hace casi un año, escribí en La Voz Libre una columna que titulé: "¿Qué hacer ante el invierno demográfico en España?"

Algunos amigos me escribieron para decirme que me había metido en demasiadas profundidades y que la próxima vez escribiera una columna más sencilla.

Pues bien, es lo que empiezo a hacer en estos momentos.

Con la llegada al Parlamento de la nueva Ley del Aborto, que ha presentado el Ministro Ruíz-Gallardón, ha surgido una polémica que demuestra la gran ignorancia de la inmensa mayoría de los políticos. Tanto la izquierda como los populares se centran en un problema ético, es decir, como si la natalidad únicamente fuera una decisión ética, individual. Otros han hablado de las clínicas abortivas, es decir, de las normas que rigen la conducta de los grupos; por lo tanto, han reducido el problema a la dimensión moral. Pero ¿y la política de natalidad? Pues los políticos no la abordan. Y esto es muy grave porque muestra, una vez más, que los políticos actuales carecen de conceptos y de teorías. No saben cuándo están hablando desde la ética, desde la moral o desde la política. Silverio Sánchez Corredera ha escrito varias veces sobre las doce contradicciones fundamentales entre ética, moral y política. Graciela Padilla Castillo también ha escrito sobre estas contradicciones en las series de televisión Sí, Ministro y Sí, Primer Ministro (CIC, Cuadernos de Información y Comunicación, 2010, XV, Págs. 165-185)

Como los políticos no saben filosofía, no se plantean una política de natalidad

En España, hemos asistido al espectáculo de que el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no sólo suba el IVA de los pañales del 4% al 21%. También ha elevado el precio de las guarderías. Y es que meter en la cabeza de Montoro o de De Guindos la más leve idea filosófica es una tarea inútil. Lo que más ha sorprendido en este Gobierno es que carece de filosofía tanto como el anterior. Y sin una filosofía, ¿quién puede plantearse el grave problema de la natalidad? Es que si no enfocamos un asunto filosóficamente, lo más probable es que acabemos en cualquier parte. Mariano Rajoy y quienes le rodean carecen de una política de natalidad porque no tienen una filosofía consistente. ¿Y qué decir de la oposición? Pues lo mismo. Tanto unos como otros coinciden en cambiar unos errores por otros.

La polémica actual sobre el aborto está llamada a tapar, ante la opinión pública española, un hecho innegable: No se plantean una política de natalidad. Y esto es porque no se dan cuenta de que es responsabilidad de un Gobierno planificar y gestionar una política de natalidad. Una nación no puede mantener un buen orden social, una eutaxia, si no se reproduce adecuadamente.

Los judíos, con su matrimonio levítico, se plantearon hace muchos siglos el problema de la natalidad. En la columna que escribí hace un año mostré cómo también Santo Tomás se había planteado muy en serio este asunto y ¡ya quisieran los eclesiásticos actuales tener los puntos de vista tan claros!.

Si un hombre o una mujer, que no son cónyuges, con posibilidades de mantener digna o muy dignamente a un hijo o a una hija, deciden ser padre o madre, ¿qué argumentos filosóficos y teológicos de peso pueden obstaculizar su elección en estos momentos dramáticos? La política de natalidad es un problema demasiado serio como para dejarla en manos de la casuística de los clérigos. Como la guerra es algo demasiado serio como para dejarla en manos de los militares. Como la economía es algo demasiado serio para dejarla en manos de los economistas. Y así podríamos culminar afirmando que la política de natalidad es un asunto demasiado serio como para dar por supuesto que los políticos van a ocuparse de este asunto. Hemos de ser los contribuyentes, los votantes, quienes les exijamos una política de natalidad, que va mucho más allá que una legislación sobre el aborto.

Las ideas de Alejandro Macarrón

A raíz de publicar mi columna el enero pasado, intercambié correos con Alejandro Macarrón, autor del libro El suicidio demográfico de España.

Voy a reproducir las reflexiones que él me hizo entonces:

«1.- Efectivamente, ha habido en el pasado épocas decadentes con baja natalidad. Pero la actual tiene dos o tres factores únicos en la Historia, de enorme importancia para entender lo que pasa y tratar de imaginar lo que puede pasar:

a) Antes, la gente vivía en media la tercera parte que ahora (se estima en 28 años de esperanza de vida al nacer en tiempo de Roma, por 82 ahora). En consecuencia: no se han conocido naciones y regiones enteras tan envejecidas (a modo de ejemplo, en Orense, uno de cada tres españoles residentes tienen 65 años o más. Y en Castilla y León, uno de cada once tiene 80 años o más).

Si a ello sumamos que nunca las sociedades han sido tan democráticas ni han contado con un “estado de bienestar” tan amplio, el resultado es una dinámica depresiva tan peligrosa como inédita: cada vez menos jóvenes, un deterioro constante de la proporción activos/jubilados, y un poder de voto creciente de estos últimos para que el resto de la sociedad les transfiera unas rentas que cada vez cuesta más producir por demografía.

Otra cosa es que haya nuevos y gigantescos avances científico-técnicos que permitan nuevos saltos cuánticos de productividad y compensen el declive demográfico; pero está por ver la magnitud real de dichos avances, ya que la ciencia y la tecnología no siempre producen maravillas todos los años.

b) En algunas de esas situaciones decadentes del pasado (no en todas), la natalidad bajó al disminuir la prosperidad. Ahora la natalidad ha caído brutalmente en todo el mundo justamente cuando se ha dado un aumento de la prosperidad.

c) Nunca ha sido tan poco peligroso tener hijos para las madres (de hecho, antes de reducirse a casi cero de la mortalidad en parto y post-parto explica, la diferencia de esperanza de vida entre el hombre y la mujer era mínima), y sin embargo, nunca se han tenido tan pocos hijos de forma tan masiva.

2.- Comparto al 100% lo que dices de que el problema de la baja natalidad es demasiado importante como para dejarlo exclusivamente en manos de los clérigos y la Iglesia. Pero si ésta fuera la única gran institución que se preocupase por este problema, como parece que sucede, esto no sería demérito suyo, sino del resto de la sociedad y de sus otras “fuerzas vivas”. Y por ende, quienes creemos que tener tan pocos hijos nos lleva a muy mal puerto y es muy mal síntoma, deberíamos estar doblemente agradecidos a la Iglesia en esta materia: por preocuparse por este gravísimo problema, y por ser la única gran institución que lo hace». 

> En la imagen, la portada del libro: 'El suicidio demográfico de España'.

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