LA VOZ LIBRE

¿Corrupción de menores... o prostitución infanto-juvenil?

José Carlos Fuertes
2015-02-03 08:52:11

Esta semana he participado, como suelo hacer habitualmente, en un magazine televisivo matutino. En esta ocasión, se comentaba la detención de una red de corrupción de menores en Murcia. Manifesté mi repulsa ante este hecho como no podía ser de otra forma, y dejé claro que hay que castigar duramente a los presuntos corruptores. Hasta ahí todo bien.

El problema, y las encendidas críticas que hacia mi persona han surgido, fue cuando añadí que quizá, sólo quizá, unas jóvenes entre 14-17 años, que son competentes para decidir si abortan, si reciben un tratamiento médico, si quieren tener relaciones sexuales, si se operan de sus pechos o si siguen una huelga y no van a clase, deberían saber discernir también si lo que están haciendo, o lo que se les propone hacer, es un delito, una irregularidad o quizá una forma para conseguir determinadas prebendas y mantener un nivel de vida mayor del que pueden.

Pronto me han tachado de retrógrado, carca, mal padre... Algunos han ido más lejos y me han dicho que pretendía justificar un delito. Incluso ha habido quien ha llegado a decir que yo cargaba el acento sólo sobre las pobres adolescentes, en lugar de hacerlo como corresponde con los malvados pervertidos. En fin… ya se pueden imaginar, y si no lo hacen, vean el programa, que está colgado en la red.

Dejando de lado las descalificaciones personales, que no merecen más comentario y que forman parte del precio a pagar por aparecer en un medio de comunicación, sí creo que el tema merece una reflexión sosegada y algo más profunda. Pienso que lo que afirmé en el programa de marras no es ninguna barbaridad, ni ningún grave desatino.

Soy de los que opinan que en la actualidad hay una sobreprotección del menor, y todas las actitudes en exceso no son saludables. Ello se agrava cuando esa 'sobreprotección' lo es esencialmente para unas cosas, y se convierte en un laissez faire para otras. Esta claro que la 'corrupción de menores' existe, que es deplorable, perseguible, punible y que a cualquier sujeto sano le produce intenso hastío y malestar. Se puede decir más fuerte pero no más claro. Pero una cosa es la corrupción y manipulación de un menor, conducta abyecta donde las haya, y otra negar que existen jovencitas y jovencitos que venden su cuerpo para conseguir dinero y lujo.

La prostitución juvenil es horrenda, pero a ella se llega por muchos caminos. En unos casos es la necesidad, la incultura, la adicción a sustancias, la marginalidad, la pobreza, el chantaje, la manipulación. Pero también se produce en otros por el exceso de hedonismo, por la intolerancia a la frustración, por la búsqueda del lujo y del capricho efímero, por una falta de autoridad y limites en la educación, por una pérdida de actitudes éticas, por desidia y dejadez familiar. En fin, dos caras de la misma moneda, como casi siempre.

Si queremos ir a la raíz del problema y poner remedio a este tipo de situaciones, habrá que acudir a las causas. Quedarnos solo en la aplicación dura y contundente del código penal, siempre necesaria e incuestionable, es cerrar los ojos y no querer ver la totalidad de la cuestión. Esta postura puede que nos deje algo más tranquilos y reconfortados, pero el problema seguirá.

Hay que incidir y actuar, sin duda, sobre los clientes que consumen la prostitución infanto-juvenil y castigar con todo el peso de la ley a aquellos sujetos que entran por ese tortuoso e ilícito camino. Pero también hay que analizar y estudiar el por qué algunos jóvenes deciden libremente vender su cuerpo para conseguir dinero. Dinero que no es para comer, si no en muchos casos para satisfacer caprichos, conseguir objetos que equivocadamente les hacen pertenecer a un grupo social determinado y sobre todo huir equivocadamente de una realidad que no les satisface.

Detrás de la prostitución infanto-juvenil hay mafias y delincuentes sin escrúpulos que merecen nuestro mayor reproche. Pero también hay sujetos jóvenes que impregnados de un relativismo brutal y siguiendo modelos insanos que todos los días les entran por los ojos, deciden, equivocada pero libremente, vivir a costa de su cuerpo y explotar sus encantos y su juventud.

Comentarios

Dice ser vetusto
2015-02-03 09:27:18
Totalmente de acuerdo. Yo también he sido algunas veces criticado y mirado con ojos atravesados por esos mismos argumentos, aunque expuestos con mucha menos claridad. Que existe corrupción de menores es evidente, pero que en algunos casos de prostitución juvenil hay corrupción de mayores, también. ¡ La que me va a caer!

 
 
 

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